Muchas veces relacionaba el ambiente competitivo de mi antiguo colegio, el Instituto Nacional, con el que se apreciaba en la secundaria-de-película-gringa porque, al igual que en esos filmes, estábamos estratificados como los winners y los losers.
A mí me tocó jugar de perdedor en esos años, a pesar de encajar en el perfil del chico winner. A saber:
*** Contrariamente a lo que se estila en la mayoría de los colegios, la gran paradoja del Instituto Nacional es que los winners no están entre los deportistas, sino en los chicos guapos algo sentimentales y con un poco de depresión que no necesariamente era el que se tiraba más minas, sino el que tenía el séquto de fieles más grande. En el IN el perfil del deportista era del pobre-y-triste-huevón y sus talentos amatorios lo dejaban como el galán de segunda división. Las chicas no tomaban mayor atención de estos ejemplares que en algún otro lugar habrían tenido más éxito, los chicos vigoréxicos eran incluso objeto de burla entre los compañeros. La máxima era “si naciste feo de cara, los ejercicios no te ayudan, igual que la mona que aunque se vista de seda, mona se queda”.
*** Lo que antes indiqué como “chico guapo” específicamente trata del muchacho de finas facciones, algo muñequito y con un físico relativamente bien tenido (una que otra caluguita bien marcada), de preferencia brit pop o metalero.
*** Muchos sentimientos había para con el muchacho winner más a mano que se tuviera: los compañeros podían envidiarlo abiertamente, insultándolo fuerte y parejo, burlándose de su cara de muñeca y eventual delicadeza (sí, “maricón” era el apelativo de turno para bajarle el autoestima); si el chico ganador tenía un harén a su haber, muchos otros chicos buscaban acicalarse para simpatizar con alguna amiga o devota del winner para cambiarla de bando con la promesa de ser “pareja estable” (tres meses era el promedio de la estabilidad) y en esa parada muchas chicas consiguieron los primeros pololos; rabia también porque era el menos jactancioso de sus aventuras (cuando a veces los lunes en la mañana eran insostenibles de tantas mentiras y exageraciones de weekend doings de los losers reprimidos) y lo marginaban de la conversación de turno.
Esas cosas me generaron un trauma: en el colegio no temía del deportista, sino del primer cara de muñeca con algo de onda que pasara por ahí. En primero medio veía con cara de “qué aberrante es esto” cómo chico-gringo-misionero era el amor platónico quinceañero de las chicas del Liceo 1, el Carmela Carvajal, el Liceo 7 y el Tajamar (hasta lo que yo sé, sólo en estos cuatro colegios, aunque es factible que la cifra aumente dada su popularidad) o un ex-amigo que abusó de mi confianza, empezó a hacerse el lindo con toda hembra de cualquier especie y el tipo nerd medio inocentón se convirtió en el chico sexy alternativo para colmo de mis males y maldiciendo hasta el día de hoy el haber sido el primer peldaño de su escalada de mierda. Otro caso que recuerdo, ya en cuarto, era el del chico metalero que era (sin lugar a dudas) el sujeto más guachón que vi en mis años de colegio: iba en segundo, pero había repetido primero; le iba mal en casi todo, menos Artes Visuales y era aprendiz de músico, porque su hermano un año mayor (que estaba en tercero y había repetido segundo) era baterista de una banda escolar de metal (este año ninguno de los dos hermanos estaba en el Nacional: estaban somewhere else disfrutando de la libertad y la rebeldía). A este chico metalero le decían Tofe, era alto, delgado, increíblemente bello de cara, apiñaba a muchas chicas en un rinconcito que estaba frente al Boletín Comercial del Metro U. de Chile y cualquier agencia de casting podría peleárselo para que posara en las campañas de sus cuentas.
El trauma no está muerto allí. Una extraña razón me hizo ser la excepción a la regla de los chicos winner. Unos decían que el no ser “chico carretero” me jugó en contra”, otros decían que mi sentido del humor era impropio para que las señoritas lo oyeran, también otros que decían que mi estilo era exageradamente perno. Y todavía le tengo miedo a cualquier peatón que se parezca a esos objetos de la envidia que incubaba mi aula. A veces, casi a nivel psicópata.





L
TRISTE , DOLIDO , C XTRAÑA………..SOLO ESO.HASTA SIEMPRE
ANONIMO = CAPO
hep, interesante lectura…..
verdad comprobada en situaciones hace poco ocurridas.
AL final, el simple hecho de no nacer con facciones “delicadamente agraciadas” perjudica el desarrollo sico-emotico-social-emocional-normal-adolesencial-logico. (conste la creación de un nuevo término).
ALgo tan “simple” puede marcar la vida de tal o cual. Porque ir a una fiesta y darte cuenta que el tipo agraciado-facial de nacimiento tiene una mina y se la come al lado tuyo, miestras uno loser-mente invita a alguna chica quiza menos agraciada a bailar, y la mina si conecta su corazon con su boca te dice gentilmente un NO que mas alla de ser gentil lo es cinicamente. Porque al final son o somos los “debemos” intentar por todos los medios encontrar a esa niña que quiera estar contigo. Porque el agraciado facial de nacimiento, aunque tenga CERO cerebro (cosa que curiosamente es muy comun xD), siempre las tendrá.
Pero bueno. para que quejarse. Mejor arriegarse cada noche de pachanga a decir ese temido ¿bailemos?, o algo por el estilo.
O es mejor abstenerse. De ahí que me abstenga yo a moverme por esos círculos.
Bx
abstenerse??
es como decir: Lo salgo a la calle porque me pueden atropeyar, me puede caer un rayo, puede empezar a llover y me resfrio, mi mama se puede morir justo cuando no este con ella, puede haber un terremoto asi que…..
mejor no salgo a la calle…
CORRECION:
el “lo”
que dice
“es como decir: Lo salgo a la
calle “
es un NO