Mi hermana está embarazada. Va a cumplir cuatro meses y los primeros estudios dicen que será una niña. Como ella, muchas mujeres (junto a sus parejas, generalmente) se embarcan en la tarea de escoger el nombre que tendrá que llevar el retoño que guardan en sus entrañas y la tarea no deja de ser fácil. Los futuros abuelos fuerzan a la hija o al hijo a que el bebé se llame de tal o cual forma. No pocas veces sale humo blanco en la discusión hasta pocas semanas antes de que el crío esté nacido.
No todos quedarán felices con cómo se le bautice al bebé. Sin embargo, muchos de esos bebés habrán recibido nombre según una moda de la época. Eso es invariable en el tiempo. Hace muchísimas décadas atrás, los padres que carecían de originalidad solían colocarles a sus hijos los nombres del santo del día. Bajo ese criterio, un día de San Bernardo nació el huacho Riquelme, quien después fuera nuestro padre de la Patria, renombrado como O’Higgins.
Otros padres han decidido ser innovadores en las inscripciones de sus criaturas y les han colocado nombres como Luxem, en el caso de una familia de padre apellidado Burgos. Ese niño, posteriormente devino en abogado y político militante DC. (Aún recuerdo el toldo de su despacho legal en un edificio de Nataniel Cox casi esquina Alameda.)
ARGENTINA, BOLIVIA, ESTADOS UNIDOS Y EL GLAMOUR INGLÉS
Roberto Fernández Alfaro, cronista argentino, se refiere en un artículo a los nombres que existían en sus antepasados, los cuales por el siglo XIX bautizaron a sus hijas bajo nombres tales como Angustia y Alegría, en el caso de un matrimonio de la rama Alfaro, y Martirio y Remedios, en el caso de otro.
Una bisabuela del cronista, en un gran disparate aritmético, bautizó a su segundo hijo como Segundo, sin embargo Segundino, había sido el primero. Tras ambos nacieron respectivamente Petrona, María Isabel, Lorenza, Flora, Nicasio, Buenaventura y Epifanio.
Fernández Alfaro agrega también que “en determinados períodos abundaron entre los Alfaro y sus consortes, nombres tales como Sandalio y Serapio, Baldovina y Telésforo, junto a hijos propios de personas desprendidas, como Regalado y Patrocinio, al lado de adictos al protocolo, como Presentación. Más otros, que se hacían sentir en la última sílaba: Trifón, Melitón y Filemón, además de uno que imaginamos escasamente afecto a las actividades físicas: Reposiano”.
Finalmente, el cronista alude a un acta del año 1885, donde un sacerdote inscribió a unos mellizos como Pantaleón Primero y Pantaleón Segundo.
Por otra parte, Salvador Romero, sociólogo boliviano, ha escrito un artículo sobre la realidad de los nombres en su país. Este cronista señala que “la Segunda Guerra trajo al oriente del país un raro entusiasmo por sus personajes emblemáticos. Apareció así una generación de Douglas, Winstons, Rommels. El occidente no se quedó atrás. Poco después, la gente escogió para sus hijos Johnny, con ortografías fonéticas, o Elvis que colaron mal que bien con los Quispes, Mamanis o Willkas de la América de antes de la Conquista”.
Más adelante, Romero se traslada a la realidad estadounidense, donde ya 60.000 familias norteamericanas han inscrito a su progenie con nombres sacados de marcas de consumo, principalmente de lujo: El primer lugar se lo disputan Chanel y Nivea. (Investigando más allá, he descubierto que en el país del norte se han registrado nombres como Evian, la famosa mineral francesa; Porsche; Armani; Chardonnay; Guinness, la famosa cerveza patrocinadora del libro de récords.)
No hay que olvidar que esta situación no solamente es propia de gente de bajos fondos. El glamour inglés también ha sucumbido a este furor: el matrimonio de los Spice Boys, Victoria Adams y David Beckham han bautizado un hijo con un nombre de ciudad, Brooklyn y Chris Martin y Gwyneth Paltrow tienen una hija llamada Apple (palabra que significa “manzana” y que, además, es conocida marca de computadores).
ECUADOR: TIERRA DE CONFLICTOS INTERNACIONALES
Los ecuatorianos tampoco se quedan atrás con los nombres desopilantes. Gonzalo Guillén escribió la realidad del país caribeño para el diario latino en Miami “El Nuevo Herald”. En la localidad del Manabí, se han inscrito nombres que, si bien son un derecho para los niños que los tengan (Carta Fundamental de los Derechos Humanos), también hay que preocuparse que ese apelativo no mancille su dignidad en los años posteriores.
Guillén introduce su artículo con una pregunta retórica: “¿Quién podrá defender a Vick Vaporoup Giler, a Osa Mayor Medranda o a Puente Vacacional Alcívar? La respuesta podría serles de utilidad a Land Rover García, a Canegunda Isaura Santos, a Obras Portuarias Sánchez, a Chispa de la Vida Álava, a doña Estatua de la Libertad Murrieta, a don Año Bisiesto Owen o a don Conflicto Internacional Loor y a tantos otros ecuatorianos que llevan nombres que han puesto en aprietos al Registro Civil y que en ocasiones son tan estrafalarios como el más feroz de los apodos”.
Si bien los pieles rojas, que estaban en lo que son los actuales Estados Unidos, se llamaban Toro Sentado o Pluma Blanca, “asombran menos que Perfectísimo Dios Vera Alcívar, Alí Baba Cárdenas, Houston Texas Ronquillo Loor, Cristo Crucificado Cañarte San Andrés, Underwood Escribano Pita, o Unidad Nacional Centeno Gómez”.
Al igual que la realidad estadounidense, aportada por Salvador Romero, también el poder de las marcas se ve en Ecuador en nombres como Eveready Pilar Valencia Changa o Burguer King Herrera Suárez.
Los padres del Manabí han exaltado lo que para ellos es lo más preciado. La virilidad está encarnada por Semen de los Dioses Bazurto Quezada. El amor paternal en niñas inscritas como Amor de mi Vida Santana García o Niña de mis Ojos Loor Chávez. El patriotismo en nombres como Conflicto Internacional Loor o Himno Nacional Salgado Pólit.
Guillén agrega que “la legislación ecuatoriana no pone límites para el registro oficial de nombres pero exige que éstos no falten al respeto y a la dignidad de la persona humana. (No obstante) no sería de extrañar que Ecuador haya sido la patria originaria de los eternamente mencionados Zutano, Mengano o Perico de los Palotes”.
URUGUAY, TIERRA DE D’ARTAGNAN Y BLANCANIEVES
Por otro lado, Leonardo Haberkorn, escribió para el diario argentino Página 12, la realidad de los nombres uruguayos.
Haberkorn, introduce su crónica indicando que “el acervo patronímico oriental ha despertado la curiosidad a lo largo de los años, en el propio Uruguay y en el extranjero”.
El periodista recurre a los estudios del doctor Roberto Jorge Bouton, quien recogió documentos por todo Uruguay entre las décadas del 10 y el 20. Dicha nómina incluye a nombres como Tránsito Caballero, Tresfilos Tabáres, Vinobien Valdenegro, Preciosísima Del Campo, Ermitaña Del Valle, Amigo Blanco, Firmo Aldecoa, Capataz Sotelo, Canuto Arredondo y Subterránea Gadea.
Según el artículo, “Bouton nombra también a un joven llamado Lazo de Amor Pintos y al señor Felino Valiente. También da cuenta de un hombre bautizado Ciérrense las Velaciones y del tierno caso del señor Caricias de la Quintana, que luego llamó a sus hijos Arador, Enamorado y Mensajero, y a sus hijas Bella y Pasión”.
A pesar de que esos registros son ya de hace casi un siglo, en las guías telefónicas uruguayas actuales aún figuran nombres del tipo Francisco Felino López, Canuto Abreo, Aguinaldo Dupetit, Tranquilo Parolín, Esclavitud Sánchez, América Heroica Llano, Gloria del Tránsito Ortiz y Dólar Anito Marr.
“Un integrante de la Corte Electoral proporcionó una lista de increíbles nombres de ciudadanos registrados en esa oficina, con la condición de no citar sus apellidos. Allí figuran uruguayos llamados Flash, Pejerto, Dulce, No Me Olvides, Teléfono, Filete, Flor de té, Arbol, Oxígeno, Horina, Flor de un día, Dos a uno, Nestos Odio Papito, Esmédico, Democrático Palmera, Potranca Ruana, Chupita, Amada Inglaterra, Julio Treintayuno, Tocayo, Banda Oriental, Circuncisión, Feo Lindo, Sol y Luz, Daniel Pistola y Libre Albedrío”.
Asimismo, Haberkorn habla de que también la cultura Disney está en los nombres de Blancanieves, los D’Artagnan y en hombres inscritos justamente como Walt Disney.
Cabe recordar, por su lado, que hay padres que han visto tantas veces una inscripción pegajosa, que deciden colocarles a sus hijos los nombres de eso que les ha llamado la atención largamente, como el hombre llamado Trademar, inscrito así porque su madre gustaba de las etiquetas que decían “Trade Mark” (Marca Registrada, en inglés) o el caso de las madres solteras cubanas cuyos retoños provenían de marinos estadounidenses que fueron aventuras de una noche: a ese honor, dichas madres bautizaron a hijos e hijas como Usnavy.
Regresando a Haberkorn, en Uruguay se han bautizado niños con nombres de grandes prohombres de la Historia. “Miles de orientales se llaman Washington, Franklin, Lincoln, Schubert, Darwin, Artigas o Napoleón. Beethoven Javier y Voltaire García fueron futbolistas de renombre que hoy son directores técnicos. En la guía de teléfonos no faltan los Kennedy y los Eisenhower; los Spencer, los Hohberg y los Luis Artime. Y en Pando, el 22 de enero de 1952, fue anotado el niño Carlitos Gardel Hernández”, indica. El cronista acota posteriormente que también han sido inscritos nombres como Hitler, Mussolini y José Stalin. Todos estos aportes han podido saberse dado que “funcionarios del Registro Civil llevan años fotocopiando y atesorando para sí mismos algunas de las partidas de nacimientos, casamientos y fallecimientos más increíbles. Así se han inmortalizado los nombres de Nicanor Clandestino Costa, Gaucho Puntiador Techera, Gaucho Carolino Acevedo, Caerte Freire, Pepa Colorada Casas, Selamira Godoy, Termo Piccinini o Johnny Dolars Aguilera”.
Ahora, señor lector, usted ha tomado cuenta de qué nombres no colocarles a sus hijos. Si sabe de alguna mujer encinta, bien puede comentarle este artículo.
Nota del redactor: Con este artículo celebro las mil visitas que ha tenido mi blog desde que instalé el counter, hace tres semanas y media. Muchas gracias a mis lectores.