El siguiente artículo se encuentra en construcción y tendrá publicación final en el número once del e-zine indie.cl
Las instalaciones artísticas consisten en la alteración de las funcionalidades convencionales del objeto tratado por parte de un emisor-artista, a fin de conseguir (mediante un afán estético) una sensación determinada en el receptor que tienda a la sorpresa, al escándalo o a la turbación.
Por otra parte, las instalaciones de ideas consisten en la alteración del cauce del debate público mediante la inserción de realidades alteradas, incubadas en medios de difusión masivos.
Ambos tipos de instalaciones tienen en común el distorsionar las reglas de la normalidad de los entes que abordan (sea el de los objetos en las instalaciones o el de las realidades en las ideas), sin embargo la instalación de las ideas trasciende el afán trasgresor y lúdico de su prima y limita con un afán de reprogramación, casi lobotómico de la realidad. Al no ser arte, el emisor de la instalación de la idea no está buscando en la instalación la belleza, sino una aspiración.
Ejemplos de instalación de ideas.
El temor a ser asaltado asciende: La prensa suele omitir un dulce detalle a la hora de informar esta noticia. Si bien el temor sube, la tasa de criminalidad se mantiene. De ahí surge la interrogante de qué está haciendo crecer desproporcionadamente el miedo con respecto al crimen. La respuesta pareciera estar en el manejo de los medios con respecto al tema. Hace muchos años atrás, hasta que no se hicieron altamente explícitos y difundidos los únicos métodos de contagio de Sida, el ciudadano común temía guardar cualquier tipo de contacto con un portador del VIH. La responsabilidad social de los medios masivos a la hora de colaborar a la comunidad ante las conjeturas que se creaban a causa de dicha enfermedad fue gravitante. Si los medios pueden crear en la opinión pública una sensación de seguridad, como en el caso del Sida, pueden perfectamente crear el sentimiento opuesto.
El voto oculto de Joaquín Lavín: A medida que las encuestas indicaban que el candidato de la UDI iba en franca bajada, perdiendo la posibilidad de pasar a la segunda vuelta presidencial, los medios adictos a su candidatura (ergo, todos los medios de alta lectura, pertenecientes al duopolio Mercurio-Copesa) patrocinaron una idea incubada en Suecia 281, la existencia de un presunto voto oculto que no se refleja en las encuestas. El argumento parece convincente: una encuesta no puede sondear algo que no conoce; además una encuesta no pregunta a todos los electores, sino que siempre toma parte, por lo que el hecho de que los no encuestados sean mayoría genera una vulnerabilidad en el estudio de opinión, lo que implica que no puedan negar la potencialidad de que la elección brinde resultados diferentes a los de los sondeos.
El caso Schwager-Estrategia: Esta instalación fue mucho más burda y menos sutil que las dos anteriores. El dueño del diario Estrategia poseía acciones de la empresa Schwager, las cuales cada vez perdían valor en la Bolsa dados los sucesivos fracasos de sus emprendimientos (en el sector forestal) luego del cierre de la planta de carbón Lota. Para enfrentar estos problemas, Estrategia abusó de su condición como informativo de la actividad bursátil al inventar o exagerar noticias que favorecían a la ex minera, a fin de generar interés en los consultores —así como en los potenciales compradores— en la decadente empresa, elevándose el precio de las acciones de manera artificial, dado que las promesas que causaron la inversión de muchos nuevos accionistas no eran más que humo.
La comisión Carlos Montes: Los medios son dueños de jerarquizar las informaciones según sus intereses editoriales lo precisen. El punto más negro de la dictadura militar, el que mancha al monopolio ideológico de nuestra prensa diaria, así como a sus avisadores, es lo suficientemente aberrante y vergonzante como para que ellos no se atrevan a publicarlo. Una significativa parte de los actuales hombres ricos de la patria han usufructuado de las privatizaciones del gobierno de Pinochet, por lo han intervenido hasta los medios televisivos con el objeto de impedir el público conocimiento de los potenciales ilícitos y la comisión parlamentaria sobre el caso, liderada por el socialista Carlos Montes, ha tenido un paso discreto por los medios a pesar de su importancia para el erario nacional, gravemente dañado por los precios irrisorios en los que ciertas empresas antiguamente estatales fueron vendidas.
Luis Eduardo Silva de Balboa: Hace unos meses atrás, la agencia informativa Ansa informó de la existencia de un potencial comprador de las acciones de Lan que Sebastián Piñera prometió poner en venta en caso de ser elegido Presidente. Se identificaba como ejecutivo del banco de inversión Morgan Stanley. Su nombre, Luis Eduardo Silva de Balboa, cuyo Morgan Stanley nunca estuvo relacionado con el prestigioso banco de inversión, sino que era un boliche pichiruche que se había colgado del nombre de la entidad financiera. Silva de Balboa se ha desempeñado como una suerte de hacker del periodismo, inventándose cargos de casos periodísticos estratégicos en toda América Latina, con el objetivo de atraer la atención de medios que por conseguir una exclusiva, son capaces de recoger cualquier testimonio, como los suyos.







