Artículo publicado en el nuevo número de indie.cl
La franja política es un espacio que todos conocemos desde el retorno a la democracia. Se estableció como parte del acuerdo entre la entonces Alianza Democrática y la dictadura militar que nos condujo al Plebiscito de 1988. El uso de espacio televisivo en cadena nacional y a la misma hora, prohibiendo cualquier propaganda en un horario ajeno al establecido, permitiría poner en pie de igualdad a las opciones electorales en un medio de alta penetración.
Con el paso de los años ya hay personajes, mayormente enquistados en la derecha política, que plantean la abolición de este espacio de propaganda, argumentando que es muy “soviético” que un organismo estatal regule la televisión en la divulgación de las ideas políticas, amparándose en las teorías archicapitalistas de que todo se regula en el mercado mismo.
Amada y odiada, la franja electoral es costumbre chilena cada vez que hay elecciones parlamentarias o presidenciales, siendo esta la séptima vez que nos enfrentamos a una. A lo largo de este tiempo, vemos en nuestros televisores, y por cuatro semanas, promesas imposibles de candidatos de todo color político, así como trailers de una película llamada El Futuro de Chile.
Como la publicidad política es algo que se hace con menos frecuencia que la promoción de la Coca Cola, es evidente que la promoción de candidatos carece, a veces, del profesionalismo, el rigor y la efectividad de un buen comercial. ¿Cómo olvidar la risible la campaña de Arturo Frei Bolívar? Estaba atiborrada de todos los obsoletos conceptos publicitarios ochenteros, partiendo por el uso de un jingle meloso, “nos unirá, nos guiará/ Arturo Frei, uno como usted/ Arturo Frei Bolívar”.
Todo esto pareciera indicar que aún hay políticos que relacionan la propaganda con el discurso y la arenga, por lo que la efectividad de las agencias publicitarias es mayormente desestimada en las tiendas políticas. De hecho, en una entrevista dada a La Segunda el día martes, el senador socialista José Antonio Viera-Gallo insistió en la política como un juego de políticos, no de asesores de imágenes. Este anacronismo de la política es llevado ortodoxamente a la práctica por las franjas del Juntos Podemos Más y la Democracia Cristiana. En el de la alianza comunista humanista (entre otros), se destina el espacio televisivo solamente para ofrecer arengas políticas sin ninguna mayor pretensión que hacerse las víctimas de un sistema que acalla su visión de mundo. Por el lado de la flecha roja, somos espectadores de breves infomerciales donde gente de verdad habla de las bondades del candidato fulano (“es magnífico para las arrugas”), para luego ser invitados a desperdiciar 100 pesos del celular para votar una encuesta perogrullesca y terminar digiriendo una campaña sucia contra un presidenciable, al estilo de la franja del “Sí”: nada malo para un partido que llama a que en Santiago Poniente voten por el Chico.
Por otro lado, vemos a la UDI, partido de fuerte estirpe religiosa, apela al tono mesiánico para solicitarnos el voto. “Hay verdad en la circunscripción equis, porque la palabra del candidato Perico vale”. Este partido ha olvidado que desde el año 1925 nuestra Carta Fundamental ha separado Iglesia de Estado, por lo que la declaración de su candidato presidencial demandando más Dios en la vida pública suena tan arcaica como sacada de la Inquisición Española. En cambio, los de RN, compañeros de alianza (en teoría, compañeros), contrataron una buena agencia de publicidad para la franja política: advertimos la buena mano, sin embargo se plantea una interrogante ¿acaso Piñera contrató a la misma gente que le hace los spots de LAN? El parecido a un comercial de aerolínea es sospechoso.
Los radicales y los PPD carecieron de la creatividad vistas en las franjas de 2001. Los hijos de Don Tinto hacían una campaña tan patética como las de ese concurso telefónico de “Hola Navidad”. En la tienda de los progresistas, advertimos a un Girardi hablando de salud con tono Santiago Pavlovic y afiches parlantes expidiendo frases huecas y desabridas. Ninguna novedad digna de comentar.
El Partido Socialista, así como la franja presidencial de Bachelet, se luce en el aprovechamiento del espacio publicitario. El PS apela a chistes que realmente hacen reír (“¿te creís socialista, hueón?”), en tanto la franja de la candidata presidencial hace algo absolutamente distinto a las otras tres campañas presidenciales: entregar el poder de un país a los votantes y no a la figura del candidato, mediante el ejercicio del porte de la banda presidencial por parte de los chilenos comunes y corrientes.
La candidatura de Piñera nos indica que él es el hombre que puede. El problema es el siguiente, ¿de qué sería él capaz? Porque cuando un emisor nos dice que “puede”, así a secas, deja a un receptor libre de pensar cualquier cosa: ¿podrá cargar un auto de dos toneladas él solo?, ¿podrá ser capaz de desayunarse 4 kilos de ulpo?, ¿será capaz de hacer freestyle?
Las campañas de los presidenciables Lavín y Hirsch, por desgracia, abusan de su pertenencia a los extremos del espectro político, ahuyentando al electorado común. Lavín, como he recordado, apela a la necesidad de tener más religión en la vida pública, ofreciendo posteriormente medidas risibles como el botón de pánico, la cárcel isla y nieve para Arica. Hirsch, por su parte, señala durante cinco minutos diversos argumentos conducentes a justificar la necesidad de estatizar el capital privado (con Pamela Jiles, a falta de Tamara Acosta, en plan presentadora hot).
Finalmente, el CNTV concede breves segundos de gracia a las mínimas fracciones políticas, las cuales intentan penetrar en la retina del televidente. Difícil que lo logre alguien que dice “Concepción, ecologista” o “Talcahuano y Hualpén”. Las frases huecas no atraen a nadie. El PAR, feudo del “Choro” Soria, es aún más humilde: ni siquiera llega a las frases, sólo alcanzan a anunciar nombres y cargos a los que se postulan. Grandes excepciones son las candidaturas de Painiqueo y Sergio Velasco: la primera pareciera tener un carisma que va más allá de los segundos que dispone (“yo te quiero”) y el segundo impacta realmente con una palabra-fuerza apoyada por un lugar que justifica la idea (“trabajo”, en San Antonio; “dejen algo” los concesionarios del Puerto; “hasta cuándo” con los campamentos).
Una pantalla azul dice que la franja terminó. El viernes 9 se acaba el periodo de propaganda. Dos días después sabremos de los resultados. Habremos descubierto qué tanto penetraron las diversas propagandas en el elector y, de paso, veremos el día 12 a los estrategas electorales sacándose los balazos de por qué no invirtieron más en asesores de imagen en vez de despilfarrar en impresentables franjas, palomas callejeras y volantes impresos.
Bonus Track
COSAS QUE DEBERÍAN EVITARSE EN UNA FRANJA
1) Jingle. Hace muchos años que en la publicidad no política ya no existe la canción publicitaria. Los últimos intentos de aquello eran con una fuerte intención kitsch: como el Notosil, el Pankreoflat, Sal Disfruta… Nunca un jingle es en serio. ¡Prescindan de “Chico de mi barrio / Chico tan querido / Chico buen amigo”!
2) Testimonios. Los candidatos no son infomerciales. La familia no tiene que andar hablando de la calidad del sujeto candidato. ¿Acaso las elecciones se ganan llamando por un candidato en una línea 700?
3) Arenga. Los discursos tediosos de algunos candidatos que aún ignoran que la publicidad es patrimonio de los buenos creativos de imagen deberían acabarse desde ya.
4) Ocupar propaganda para frases clichés. Creo que no es necesario explayarme más.
COSAS QUE LAS MALAS CAMPAÑAS DEBERÍAN HACER DESDE YA PARA MEJORAR
1) Contratar agencias de publicidad que hayan obtenido connotados galardones. Si ninguna agencia quiere como cuenta a Lavín o a Hirsch, dichos candidatos deberán entender de antemano que no son proyectos factibles de ser abordables como interesantes y elegibles a menos que aggiornen el discurso en el que se amparan.
2) Filmar en formato cine. Si no les alcanza para filmar en cine, contraten directores de arte que hagan del formato digital algo que parezca lo menos posible un video casero.
3) Contratar diseñadores gráficos que sepan hacer buenos GC (generadores de caracteres).
4) Descubrir qué hace a Sergio Velasco tan penetrable como concepto publicitario. Una vez que se encuentran las razones, desarrollarlas desde su propia perspectiva.
5) Caer en cuenta que la imagen vale mucho más que lo que se cree. Si no, pregúntenle a Marcelo Trivelli.