La derecha ha perdido nuevamente una elección. Desde que perdió el plebiscito de 1988 ha perdido cuatro elecciones presidenciales (más la segunda vuelta de 2000), cinco elecciones de Senadores, cinco elecciones de Diputados, cuatro elecciones municipales (una más si contamos la elección de concejales de 2004). Son 20 comicios ganados por la Concertación. Si nos futbolizáramos, diríamos que el cuadro del arcoiris ha sumado la estrella 21 este 15 de enero. Son la coalición política más exitosa durante casi 200 años de vida democrática. ¿Qué diferencia tanto a este equipo político de su contraparte ideológica? He aquí algunos errores a corregir lo antes posible.
1. Democracia partidaria
La derecha debe reemplazar sus comisiones ampliadas para determinar sus orientaciones programáticas. Sendos partidos, especialmente la UDI, deben jugar a la democracia con el mismo juego con el que los electores eligen a sus candidatos para los cargos de representación popular: votación. Los militantes deben escoger a sus líderes y tirar por la borda los dedazos. Pablo Longueira no puede invocar a la democracia en sus descargos contra los piedrazos que recibió el día de las elecciones si su otrora Presidencia no fue electa por la militancia.
2. Promoción de la democracia
Cualquier partido que se precie de tener miembros en cargos de representación popular debe bregar por la representatividad proporcional del sufragio electoral con respecto a los cargos de la elección respectiva. La derecha no puede sustraerse a votar la reforma al sistema binominal sin dejar de parecer un grupo de timadores que pretenden no evidenciar la estafa, torpedeando burdamente una ley que los afectaría en unos comicios auténticamente democráticos. La derecha no debe temerle a la democracia, a pesar de que pierda la influencia. Arturo Prat recibió todos los honores post-mortem luego de su grito de abordaje y su figura es idealizadamente enaltecida en los libros de historia y por los actos escolares del 21 de mayo.
3. No pedir prestadas banderas de lucha ajenas
Un partido debe estar orgulloso de divulgar ante la ciudadanía los valores a los que adscribe. No debería avergonzarse de la visión de país que desearía demostrar. Si busca evangelizar un grupo electoral determinado no debe comportarse como los lobos con piel de oveja. Ese fue el error de la candidatura de Sebastián Piñera al momento en que el aspirante a la Primera Magistratura se presenta como “humanista cristiano”: cada vez que le preguntaban “si usted es humanista cristiano, ¿por qué no milita en la DC?”, Piñera comenzaba un discurso cantinflero, más amigo de las sacadas de balazos que una declaración de honestidad. Piñera debió presentarse como militante RN, partido que compone la Alianza: no debió haber ninguneado lo que representaba.
4. Abajo el clientelismo (permítanme detenerme en este punto)
El resultado de la segunda vuelta lo probó: en Vitacura (comuna ABC1, cuyo electorado está muy politizado, así como bien informado), la votación de Piñera fue el mismo 77% que resultaba de la suma del RN con Lavín en la vuelta anterior; sin embargo, en La Pintana (comuna de sectores bajos, cuyo electorado está menos politizado y menos informado), la votación de Piñera fue cuatro puntos porcentuales inferior a la suma suya con Joaquín Lavín. Este dato sirve para acusar a un 4% del electorado de La Pintana de haber cambiado su preferencia por Lavín a Bachelet, en tanto representan intereses opuestos y valores a veces antagónicos.
Es el electorado denominado “popular”, el cual la derecha (especialmente la UDI) ha intentado cautivar mediante actos clientelistas y asistencialistas: los parlamentarios de esos distritos buscan ser extensiones de los alcaldes, regalando pelotas de fútbol a los clubes deportivos amateur y gestionando alcantarillas. Esto genera el sentimiento de “a este parlamentario le gusta estar con nosotros” y la gente se siente agradada por la cercanía.
Todo ese romance va bien hasta que los parlamentarios salen electos y deben votar las leyes. Cuántas de esas mujeres fueron azotadas por sus maridos hasta el cansancio, cuántas de esas mujeres buscaban perder todo vínculo con ese hombre, cuántas de esas mujeres querían divorciarse de ese desgraciado, pero una ley no se los permitía: el mismo hombre o mujer bueno que votaron no iba a votar por sus intereses legales, pero sí por sus intereses domésticos, cuando la función primera del parlamentario es votar leyes. Tamaña desinformación de cierto aspecto de nuestra sociedad que los mismos partidos deberían corregir: ¿qué le molesta decir a la UDI “nos carga el condón, nos carga el divorcio, pero queremos regalarle la pelotita para el furbolclú“? Como dije anteriormente, hay veces que vale ser un Arturo Prat si es por el honor de un interés superior, tan importante como la democracia.
5. Afuera los malos publicistas (otro punto que merece otra detención)
La política también tiene su cuota de venta de imagen, proporcionada por logradas campañas publicitarias destinadas a conseguir votos. Recuerdo un diálogo de la película “Election”, de Alexander Payne, donde Tracey (Reese Witherspoon) la dice a su profesor (Matthew Broderick) que “la Coca Cola es la bebida más consumida en el mundo, pero no va a dejar de gastar en publicidad para dejar de ser la primera”. Ese diálogo puede graficar el éxito de la Concertación a lo largo de más de 20 elecciones.
La Concertación tal vez no tiene los enormes recursos que dispone la derecha, pero sabe manejarlos correctamente: la propaganda debe ser más calidad que cantidad, un mensaje contundente más que un millón de dólares dilapidados por una frase hueca impresa en cientos de palomas enfiladas por una gran avenida.
La Concertación ha trabajado con agencias prestigiosas: Leche, encargada de la campaña de “La Pareja Feliz de Redcompra”, en la fallida pre campaña presidencial de Soledad Alvear; la Boutique Carcavilla, encargada de las campaña de revista Paula “El papel de la mujer”, en la primera vuelta presidencial de Bachelet y Lowe Porta, encargada de las notables promociones de la cerveza Escudo, tomó las riendas de la Doctora en segunda vuelta presidencial. La derecha, ¿quién trabaja para ella? Si no hay nadie connotado que esté dispuesto en Chile a trabajar por ella, que use una tajada los millones de dólares que usa en campaña para conseguirse en el extranjero alguna agencia de renombre.
Una vez que la derecha se haya conseguido esa agencia, un grupito de políticos que juegan a ser expertos en márketing no pueden cometer el capricho de ahogarle las ideas a los creativos profesionales. Como el ejemplo que mi histriónico hermano me hizo el domingo pasado para ejemplificar la situación: el político empieza a catetear al publicista, “ay, falta la familia, falta la abuelita sin dientes , quiero ver a niños a pata pelá, quiero al candidato vestido de terno para que parezca estadista, ¿por qué no está el color azul de fondo?” Puras ideas cliché con la que Coloma y Espina juran que saben más que todos los publicistas rasos que contratan.
Es la soberbia de unos idiotas que juegan a ser pasteleros es la última gran razón por la que la cada vez más nominal (y menos verdadera) Alianza siempre llega a placé en sus incursiones electorales. En tanto RN y la UDI no analicen cada uno de los cinco puntos que he especificado, debe despedirse de la capacidad de poder representar a la mayoría de un país.