Sus palabras no eran muy distintas a lo que nuestros analista políticos estuvieron aseverando a lo largo de esta última semana. Inclusive yo mismo me volví opinólogo de las cosas importantes al identificar los errores que han llevado a la derecha a su fracaso electoral número 21 desde el retorno a la democracia.
Equivocarse 21 veces sin darse una necesaria autocrítica es una soberana arrogancia y acusar al empedrado por repetidos tropiezos electorales es solamente digno de idiotas que de tanto caerse aún no saben cómo erguirse bien para dar los pasos como cualquier humano. Son humanos reducidos a la calidad de monos. A lo largo de 16 años se han gibado y se les han achicado las piernas; ahora actúan torpemente, reunidos en consejos políticos que son pretextos para espulgarse los unos a los otros. La palabra “tienda” no parece tan mejor colocada que para denominar a sendos partidos conformantes de la Alianza por Chile: se han vuelto una tienda, pero de las circenses, haciendo gracias colectivas tendientes a ganarse las risas del electorado opositor más que el favor del electorado simpatizante.
Entre todos esos monos, uno titulado Alcalde, escribió para el último número del quincenario The Clinic unas reflexiones que le alargan las piernas, le enderezan la joroba y lo hacen recobrar el trote propio de los seres humanos. Primero, convoca a la derecha a presentarse como un grupo tolerante y abierto que debe reconciliarse con sectores contra quienes reñían, de modo tal de legitimar en dicho sector político el espíritu de la Democracia, que es la base de “la vida en sociedad” y no la argucia que ampara las luchas electorales. Segundo, demanda un urgente aggiornamiento de la doctrina política, que será dado por las nuevas generaciones a las que se les deberá ofrecer figuración y liderazgo camino a un Bicentenario que se acerca velozmente; estas nuevas caras llegarían a airear las azumagadas habitaciones de la derecha, donde aún alojan cadáveres políticos provenientes de la “dictadura”. Tercero, pide un esfuerzo colectivo para mejorar la identidad de partido, hacer “entender que no somos una secta religiosa”, demostrar que los valores son más que la moral sexual, de qué tan abortiva sea la píldora o de qué tan propensos a la promiscuidad son los jóvenes que portan una caja de condones en sus mochilas. Cuarto punto y final, pide acercarse a la clase media tomando una postura doctrinaria la cual la gente se sienta identificada, donde la gente común y corriente se sienta reflejada y representada.
Para quienes aún no están enterados de la polémica, el mono en cuestión es el Alcalde de Recoleta, Gonzalo Cornejo (UDI). Estas reflexiones, que les son tan perogrullescas a un simpatizante de la Concertación, son aún punto de discordia entre los opositores. Cornejo debió echar pie atrás a sus dichos luego de ver las miradas aprensivas de sus correligionarios, especialmente las palabras del diputado Patricio Melero, quien fustigó a Cornejo por sus pareceres y lo llamó a cambiarse de colectividad. A nadie en la UDI le agradó que Cornejo aplicara la palabra dictadura, en lugar de los eufemismos que frecuentan (probablemente aún anclados en la célebre frase del Capitán General, “esto no es dictadura, es dictablanda“) y mucho menos agradó su solicitud de desplazar de la primera línea a los ex funcionarios de Pinochet, como el propio presidente del partido, Jovino Novoa.
Este viernes, en la columna semanal de David Gallagher que se publica en El Mercurio, el editorialista alude —medularmente— a la necesidad de quitarle el “olor a Pinochet” a la derecha, a fin de convertirse en un grupo político realmente competitivo electoralmente, con dignidad para empoderarse. Palabras que confirman las que fueron acalladas a Cornejo.
El espectáculo que hemos presenciado estos últimos dos días parece demostrar que los capos de la UDI, contrariando las voces disidentes, hacen el burdo acto de tapar el sol con un dedo, haciendo un grotesco espectáculo ante los ojos del alma republicana de nuestra Nación, para la que aún son monos de circo.





De partida la oposición debiese preocuparse de ser una buena y unida oposición. Si la gente no les compra esa idea (la idea de que son gentes capaces de ver realmente por los intereses de todo el pais, y no sólo los de una parte)… mientras tanto, veamos cómo se las arregla la concertación para gobernar por 4 años más.
se me olvidaba completar la idea… Si la gente no les compra esa idea, tenemos concertación y quien sabe qué otra cosa, para rato.
Eso. Saludos.
yo no le creo nada a la derecha… no me podría sentir identificada con un tipo que tiene tremenda casa, tremendo auto, muchos hijos con futuro asegurado y miles de corbatas amarillas.
Creo que les falta vivir con todos sus hijos en un población SERVIU, trabajando por el mínimo y recorriendo miles de horas diarias en micro, con el riesgo de ser asaltado o pensando que sus hijos pueden caer en la droga… Así aprenderían cuáles son los problemas reales de la gente. No sólo la derecha, creo que a todos los políticos les hace una buena dosis de “realidad”, de vivir apretados, de asustarse y de ver que tan incierto es el futuro cuando se depende de un crédito universitario y de un cupo en Falabella para (sobre)vivir con algo de dignidad.
Lamentablemente hay gente que no se da cuenta y compra con la cara de estos tipos, pero también hay otros que se dan cuenta que son la cara joven de Pinochet… si no cambian el chip, no van a ganar jamás!!!
Besos al principiante favorito de la Kata