El 11 de marzo asume una mujer, Michelle Bachelet. Su elección tuvo una bella carga simbólica para el conservadurismo de nuestras instituciones, que aún subvalora las conquistas femeninas en sus parcelas de poder y control, añorando un machismo con inexorable destino mortuorio. Las mujeres de los barrios populares, alborozadas, dicen que ahora que una de su género está gobernando, sus maridos les pegarán menos.
Alentador panorama que se contrapone con el trato que la candidatura de Sebastián Piñera parecía brindar a la mujer. En primer término, su mujer, Cecilia Morel, parte de la misma generación de la Doctora Bachelet, que si bien siguió una carrera profesional, desertó de ella tempranamente para casarse y tener hijos en plena juventud, optando por el esquema clásico de ama de casa, de aquellas que se juntan entre amigas a tomar té para organizar las cenas de caridad. Morel, habiendo tenido en su momento la oportunidad de sacarse el lastre del machismo, regresó a él.
Imagino el entusiasmo del ex candidato presidencial de pretender replicar un esquema familiar en retirada para las próximas generaciones y dio con la clave: la pensión para el ama de casa. Cuántas mujeres ante esa promesa habrían descansado en jugársela por forzar un matrimonio en permanente ruta al precipicio hasta la edad de los 60 años para poder ella recibir un fruto de haber soportado a un desgraciado por tres o cuatro décadas. Recordemos que los frutos de un plan de previsión se ven en no menos de 20 años: en caso de que Piñera hubiera puesto en práctica su plan, el contrasentido cultural de regresar a la mujer a los hogares habría sido alabado por las organizaciones pro familia, pero los países desarrollados no nos habrían perdonado que las mujeres desistieran de ocupar empleos (bajo el argumento de que ahora sí hay empleo para todos, para todos los varones) de alta competitividad.
Además, las cuentas de pensión para las amas de casa iban a ser manejadas por las administradoras de los fondos de pensiones que José, el hermano del ex candidato, inventara a principios de los años 80, ocasionando consiguientemente una oleada de privatizaciones de empresas públicas que muchos califican como robos dado los irrisorios precios por las cuales se tasaron (el ex candidato Joaquín Lavín también se benefició de estas cuentas truchas). Es decir, un negocio redondo: redondo para los conservadores que buscan prevalecer esquemas de vida tendientes a la obsolescencia y redondo para el patrimonio personal de Piñera, quien habría visto entusiasmado cómo las AFP habrían especulado con sus acciones mientras él era Presidente hasta holgar sus arcas significativamente.
A Dios gracias por que haya ganado Michelle. Su precio como fémina era el estímulo para dejar de lado los clericalismos que nuestra añeja élite busca imponer como modus vivendi de Estado: la mujer sumisa y dependiente, el hombre proveedor que conoce el hogar para cenar y dormir, los hijos que aprenden a ser proveedores y las hijas que aprenden a ser Susanitas. A Dios gracias por que una mujer sola, con tres hijos de dos hombres diferentes dé una lección de la tolerancia que debemos tener como país para los esquemas alternativos a los idolatrados por un puñado de viejos rancios. A Dios gracias por legitimar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.





Bueno, lo que importa ahora es que lo haga bien, porque si queda la cagá, todas las mujeres caeremos en el mismo saco. Si lo hace mal, la Sole no podrá ser presidente, ni Juanita, ni Katita, porque obvio que la derecha dirá “ven que mal lo hacen las mujeres”. Dudo mucho que ellos postulen a una mujer (olvídate de aquello Lily). Mi mensaje para Michelle: deje bien en alto el nombre de la mujer. Usted no me agrada del todo, pero ya que está gobernando, como buena ciudadana y defensora de la democracia, acepto su mandato. Hágalo esxcelente y tápele la boca a esta sociedad machista, que usted es la que puede mejor que nadie cambiar un poquito el chip de este país.
Bruno, estoy aprendiendo, el otro día invité a un amigo a comer papas fritas y pagué yo!!! creo mi machismo se consume poco a poco, todo gracias a ti!!!
Besos.
Kata