Catalina Parada es una de las buenas amigas que hice en la Universidad. El martes pasado tuvo una divertida anécdota que ha preferido publicar en mi blog, dado el hecho de que ella no tiene uno.
El día martes fue el cierre de temporada de mi coro (lírico). Nos citaron a las 10 de la mañana. El director habló durante una hora acerca de lo que podríamos hacer al año siguiente. Por lo general, nada de eso funciona…
En fin, a las 11 de la mañana nos vimos en pleno centro de Santiago sin nada productivo que hacer. Con mi amigo venezolano decidimos ir a ver a una prima mía que trabaja en el Mall del Centro. Aparte de encontrarnos con un par de personas -uno siempre se topa con alguien en ese mall-, el panorama murió cerca de las 12. Caminamos por Ahumada hacia el Eurocentro, punto de encuentro con todos tus amigos freak o poser que consideran la esquina Nueva York-Moneda su segundo hogar.
Nos quedamos parados frente a Su Música cuando se nos acercó un tipo (ni freak ni poser) y nos pregunta la edad. Suelo desconfiar de la gente como lo hace cualquier ser normal en el centro, pero mi amigo aún no capta que aquí es distinto y que la gente no es tan fraternal como en su país. El punto es que el tipo necesitaba dos testigos para un certificado de soltería. ¿Certificado de soltería? Bien raro me sonó el cuento.
Caminamos por Moneda hasta una calle que no sabía que estaba ahí, donde había una notaría. Nos pideron el carné de identidad a los 3 (los dos testigos y el soltero, dijo el tipo) y luego nos pasan una hoja. Se titulaba, efectivamente, certificado de soltería. Sin embargo, no puede haber nada más raro y surrealista que el famoso papel dijera “soy testigo de que fulano está vivo y se encuentra soltero”. Me parece realmente inverosímil ser testigo de que alguien está vivo. ¿Y el tipo que lo ve en la notaria? ¿Y el tipo que le recibe el papel? ¿Acaso esto se volvió una película B de Peter Jackson, en que los zombies caminan y piden certificados? Pobre tipo, además de exigirle ser soltero para postular al crédito Corfo, dudan de su existencia.
Al final, le salvamos la vida, porque, como buen chileno, ese día era el último plazo para entregar los papeles y no tenía testigos. Por el favor, nos regaló una luca, que se transformaron en una cerveza tomada en un bar de mala muerte ubicado en Brasil y brindamos por la existencia, la soltería y el crédito Corfo.




