Pamela Jiles se volvió una declaración de principios este mediodía en Sálvese Quien Pueda, por cuanto declaraba que la sexualidad de una persona no es objeto periodístico. Ejemplificaba su tesis en el hecho de que un evento de homosexualidad no tenía razón de ser difundido por los medios sin el consentimiento del afectado, a menos que dentro de esa relación hubiera un escándalo anexo que afectara a autoridades importantes y no a sujetos del mundillo farandulero.
Creo que la Jiles ha usado mal los conceptos, puesto que inició su tesis a partir de la publicidad de la sexualidad en su extensión, incluyendo a heterosexuales y homosexuales, pese a que identificó a estos últimos como respaldo de su idea. ¿Cómo es la cosa entonces? En ese caso también sería antiético difundir los numerosos devaneos amorosos heterosexuales de María Eugenia Larraín o las conquistas amorosas del canchero de las pampas Patricio Laguna. No obstante, estas historias han sido parte de nuestras conversaciones frívolas durante mucho tiempo. Y nadie ha hablado de ética en estos casos más allá que uno que otro sujeto pontificando contra la inmoralidad y promiscuidad de sus espíritus libertinos. No creo que sea el caso de Pamela Jiles.
¿Que acaso la homosexualidad es aún tenida como aberración incluso por adalides de la libre expresión como la periodista del programa del mediodía? “Es que el clóset aún debe ser clóset para quienes así quieran conservarlo. Claro, es la censura a los desviados…” No existe privacidad si algún famosillo tiene una relación heterosexual, pero uno homosexual puede amenazar querella porque estarían mancillando su honra… ¿De eso me están hablando?
Estamos en 2006, en una época tolerante donde teóricamente no hay ciudadanos de primera y segunda clase. ¿Por qué es entonces aberrante exponer amoríos gays y es común ver esas relaciones express entre heterosexuales conocidos? Unos dicen que el difundir homosexualidades conlleva represalias y esa es la razón por la cual la Jiles hizo esas afirmaciones. Bajo ese argumento, Pamela Jiles estaría legitimando que existieran esas represalias por las cuales abundan los clósets.
Hasta lo que yo sabía, ella fue periodista de la revista Análisis, medio que luchó por la libertad de la información en la dictadura militar. En la franja presidencial por Tomás Hirsch, se jactaba de su postura de valentía y consecuencia. Si la periodista anda ahora de celadora de armarios, debe ser porque teme demasiado de que algún amigo o sujeto entrañable sufra estando en las fauces del lobo de la homofobia, como si olvidara que su lucha previa permitió la democracia a finales de los años 80, la cual permite castigar con leyes o con funas (aún las hay, pero éstas se estilan más sutiles hoy por hoy) a quien se atreva a reprochar la tolerancia y la diversidad.
Ojalá que Pamela aclare el malentendido suscitado, en nombre de todos los ciudadanos que queremos una sociedad más inclusiva, aun cuando no formemos parte de las minorías apuntadas por el dedo del fascismo de algún dueño de la verdad.









