En los vehículos suelen haber unas viseras desmontables para que el chofer y su copiloto no reciban plenamente el sol cuando es radiante.
Generalmente, de la visera del copiloto sale un espejito adosado. Su origen se justifica en un machista precepto de que los hombres conducen y las mujeres prefieren aprovechar los viajes para mirarse las imperfecciones. Los diseñadores de automóviles deben pensar que las mujeres aprovechan esos momentos para poner el neceser (el clásico Mis Cosas) en sus faldas y sacar labiales, bases y rímeles que se aplican con precisión quirúrgica a pesar de los baches, los lomos de toro y uno que otro camino ripiado.
Asumió una mujer en la Presidencia, al igual que hay hombres parvularios y enfermeros: no debe ser menoscabo para los varones irrumpir en el campo donde han reinado las mujeres por décadas; la ruptura de las barreras culturales entre hombres y mujeres debe ser un honor para quienes las realicen.
¿Qué hacer entonces con el espejo del asiento frontal si un hombre va como copiloto de su mujer —o de cualquier mujer—? Si el hombre copiloto potencial aún no está encantado por la metrosexualidad que ha popularizado el futbolista David Beckham, quizá no aproveche el espejo para maquillarse. Sin embargo, el hombre puede hacer otras cosas:
— Reventarse los puntos negros de la nariz.
— Pedirle las pinzas a su mujer para sacarse los pelos de la entreceja y los pelos que quedaron de una barba mal afeitada.
— Pasarse derechamente la máquina de afeitar a batería, a pesar de los baches y los ripios.
— Aprovechar de mirarse atentamente las ojeras cada mañana para preguntarle a la vieja “¿tengo mucha cara de poto?”
— Intentar vocalizar a lo Pavarotti apretándose la manzana de Adán, con el espejo apuntando directamente al ejercicio entre el dedo y la manzana.
Hay que ser creativos, muchachos. Es tiempo de igualdad de género y hay que enfrentar este nuevo escenario.





Los puntos negros se sacan, no se revientan =)
me gusta tu blog
y tu flog gondry
chao