Regresó la polémica. La Presidenta Michelle Bachelet ha señalado su interés en que se legisle y regule el derecho de un paciente de determinar cuándo termina su vida. De acuerdo a la edición de hoy de La Tercera, la iniciativa gubernamental consiste en proponer “el acortamiento voluntario de la vida de quien padece una enfermedad incurable, para poner fin a sus sufrimientos”.
A causa del anuncio presidencial, ya hay sectores políticos que han manifestado su rechazo a la idea. Si bien en el progresismo concertacionista la normativa es de apoyo unánime, en el resto de los grupos de representación parlamentaria el asunto aún genera divisiones. La senadora UDI Evelyn Matthei apoya la iniciativa, al igual que los progresistas Alejandro Navarro y Guido Girardi, pero Hosaín Sabag (DC) la rechaza tajantemente, quien aduce que la vida debe extenderse hasta las últimas instancias que la ciencia permita.
¿Pero qué clase de vida estarían extendiendo esos médicos, señor Sabag? ¿Bajo qué condiciones viviría un ser humano al cual ya no le queda nada más que esperar el destino inminente de su muerte? Recordemos el caso de Terry Schiavo, cuya familia se oponía a la desconexión de la respiración artificial, a pesar de los intentos del marido de dejarla morir tranquila: la familia de Terry creía ilusamente que había esperanzas. El análisis forense que se le realizó a Terry indicaba que el daño cerebral era tan grave que ella estuvo prácticamente muerta durante todo el tiempo que duró la disputa familiar. El viudo siempre tuvo la razón.
Por estos lados, los creyentes frecuentamos el dicho de “Dios es quien da y quien quita la vida”. ¿Y qué ocurre con estas personas enfermas terminales cuyas vidas son prolongadas innecesariamente? Muchos de esos prohombres del Parlamento que se amparan en el nombre de Dios para censurar la necesidad de un morir dignamente, parecieran no tener la capacidad de razonar que quizá San Pedro ya ha demandado a esos cuerpos a su reino y que el esfuerzo de mantenerlos con vida no es más que el entusiasmo de “futuros deudos” que se aferran egoístamente a la ilusión de mantener vivo a un ser querido a quien parecieran no querer tanto: lo condenan a una tortura vana sólo para sedarse e ilusionarse con el hecho de que “al menos está vivo”. Por ese “estar vivo” esos “futuros deudos” se endeudan por decenas de millones de pesos para poder verle el rostro a un cadáver sin cajón. Todo porque una bola de médicos juegan a ser dioses, inventando vida a gente que ya la ha perdido de antemano y, de paso, abultar sus cuentas corrientes a costa de la desesperación ajena.
Es preciso que los parlamentarios que se oponen a la propuesta comprendan que es su deber quitarles a los médicos la facultad de jugar gallitos con San Pedro. Si estos parlamentarios conservadores se sienten tan religiosos, quizá logren comprender que Dios en ningún momento invistió dioses a esos doctores que determinan vidas más duraderas de lo fisiológicamente establecido.





Demasiado complicado el tema, con tantas opiniones como opinantes hay. Sólo te puedo decir que actualmente puedes negarte a recibir soporte vital avanzado, pero una vez que lo recibiste, ya no se puede dar pie atrás desde el punto de vista legal.
Blood
complicado el tema, porque muchas veces gente dada por muerta cerebralmente ha podido salir de su estado casi sin secuelas… además es un tema de esperanza de la gente. Es similar a los bonos que se le quería dar una vez a los familiares de DD.DD, si dabas por muerto a tu familiar te daban el bono. Mucha gente no lo aceptó por tener aún la esperanza de encontrar a sus familiares. Para gente siempre existe es 0.000001% de probabilidad de ser salvado, se podría llamar “el milagrito”. Yo creo que una excelente medida sería imitar el caso de los donantes. Es decir, dejar una constancia de “si estoy grave desconéctenme” en algon momento. Similar a “si me muero donen mis órganos”. Suena un poco descabellado, porque uno nunca piensa que se puede morir o enfermar (esas cosas le pasan sólo a los vecinos), pero funcionaría bien para que la familia no intervenga. Esa es mi humilde opinión. Estos temas post-enfermedades, post-mortis, deben hablarse con las familias antes “de”.
Besos.
Cata