Somos hijos de la cultura de lo instantáneo, del permanente surgimiento de nuevos inventos. No nos importa si las novedades no duran más que quince minutos tras su anuncio. Valoramos el llegar primero en lugar de la trascendencia.
Pensemos en la virginidad, en esas charlas adolescentes donde abundan las jactancias de los amigos-hechos-hombres que han cometido la santa gloria de haber embocado el pepino por primera vez. Poco importa la trascendencia de la chica penetrada (tal vez fue solamente la aventura de un trasnoche, tal vez una polola que duró tres meses con quiebre violento y cuyo recuerdo avergüenza a ambas partes). Vale más la precocidad del acto y el haberse adelantado a la mayor cantidad de amigos cofrades posible.
No obstante, el hecho descrito no es propio del camino a la adultez. El deseo de “llegar antes” se remonta a nuestras infancias, cuando nuestros papás sintonizaban “Bravo Bravísimo”, esa audición televisada en la que los niños prodigio mostraban sus dotas artísticas. Al tiempo que esos pergenios mostraban sus gracias, tus papás te miraban con cara de “qué falto para que fueras como ellos”, del mismo modo que la generación milica se crió con la imagen de Emilio Antilef (a.k.a. “el mapuche superdotado”), quien hablaba como grande ante el Don Francisco de los “Sábados Gigantes” en plural y dedicaba poemas a Lucía Hiriart.
De ahí que hayamos crecido para odiar la precocidad, para odiar a los adelantados. Más aún cuando esta precocidad era el pretexto con el cual nuestros papás nos sacaban en cara el no ser lo suficientemente sobresalientes.
De ahí que cuando los niños prodigio caen en desgracia, nos congratulan sus pellejerías e infortunios. Es la pequeña venganza hacia nuestros papás que nos miraban con recelo, con insidiosas comparaciones y con angustiantes wishful thinkings. Asimismo, es el pequeño premio que recibimos por nuestras vidas no precoces, el consuelo de que ser un perdedor no es tan malo.





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Qué tanto hablas si tú también tienes un “el pasado te condena”?
Emm…concuerdo en todo lo que dices en ese texto
Hiciste que me acordara de ese programa que veíamos en familia, y alcancé a conocer.
Bueno, mi comentario no es tan largo porque lo otro ya te lo dije.
Sigue así, llegarás lejos, y espero sigamos en contacto =)
Eso, Silla (no te lo copié, ojo xD)