Aún existen resabios de aquella organización, buscando la manera de rozar la legitimidad, el respeto y la validación social. Por una parte, tenemos a la periodista Paula Afani, quien hace una semana atrás usó la instancia del lanzamiento de su libro sobre la internación de armas de los militantes comunistas en Carrizal Bajo para reunir a la flor y nata de la ultraderecha nacional.
En dicha recepción, se reunieron notables de la talla del Alcalde y presunto miembro de la DINA, Cristián Labbé; el abogado del diablo, Hermógenes Pérez de Arce y el político en retiro Sergio Onofre Jarpa. De acuerdo a la fuente de esta información, Pérez de Arce cita el libro para reafirmar su defensa de la dictadura militar en función a argumentos propios de la Guerra Fría: “el vocero del brazo armado comunista en el periodo de internación de armas entre 1985 y 1987 y que usaba el alias de Jorge Salas tenía como nombre real Álex Vojkovic, que en esos mismos años formaba hogar con la actual Presidenta de la República Michelle Bachelet”.
Por su parte, Afani indica que las armas de Carrizal se trataban de “armas de odio con que se quería desestabilizar el gobierno militar”. Cabe destacar que Paula Afani es la mujer del ex agente Rómulo Aitken, quien se hiciera conocido hace un año atrás por montar una operación de inteligencia política que buscaba sindicar a la Presidenta Bachelet en el secuestro de Cristián Edwards el año 1991. Y Aitken, a su vez, tiene relación de parentesco con Óscar Aitken, el famoso administrador de las cuentas bancarias de Capitán General.
En otra vereda se encuentra Gloria Ana Chevesich, la jueza del caso MOP y todas sus variantes continuadas de guión. Hasta el día de hoy ningún medio de comunicación se ha encargado de reparar en que Chevesich está aplicando en sus investigaciones la misma técnica de Juan Guzmán Tapia: utilizar los más sutiles resquicios legales para perjudicar a adversarios ideológicos. Eso sí, a diferencia de Guzmán, quien intentaba judicializar los crímenes de la dictadura, Chevesich invierte el sesgo ideológico para cobrar revancha. No en vano uno de los íconos de este juicio, el ex ministro Carlos Cruz, ha pretendido recusar a la jueza en base a un argumento similar al utilizado por Pablo Rodríguez Grez en su defensa a Capitán General: un juez debe inhabilitarse en cuanto tenga animadversión contra su(s) acusado(s).
¿Y por qué la Concertación no acusa esta anomalía? Simple. Avalar como bloque político las animadversiones de Chevesich implicaría indirectamente darles la razón a los recursos de Pablo Rodríguez. Si la Concertación acusara a Chevesich, abriría la puerta para que algún líder derechista exigiera acabar con los sesgos, “pero de lado y lado”, lo cual desembocaría en un perdonazo para muchos de los crímenes de dictadura perseguidos por los continuadores de la doctrina Guzmán. Y la Concertación no cometería semejante suicidio. Por lo tanto, prefieren guardar silencio.
En último término, tenemos a Alan Cooper, uno de los encargados del secuestro y asesinato del general René Schneider el año 1970, comandado por el general Roberto Viaux. Su hija, Francisca, fue la famosa víctima chilena del tsunami de Indonesia la Navidad de 2004. En memoria de ella, su viudo Aurelio Montes, creó una casa para niños en riesgo social en el sector sur poniente de Puente Alto, “la Casa de Fran”. Esta pequeña organización está buscando financiamiento y sus primeros promotores provienen de la Radio Agricultura (está demás decir lo que dicha radio representa políticamente). Incluso Patricia Maldonado, célebre pinochetista y locutora de la radio, se presenta oronda como “la jefa de campaña” de esta fundación.
No basta colegir demasiado para suponer que esta fundación tiene todo el potencial para servir de pretexto para muchos empresarios y financistas provenientes del pinochetismo con ansias de blanquear su imagen en honor a la caridad, como para demostrarles a los “rojillos cabecita de pistola” que también han sido conferidos del don de los sentimientos.
A los nazis de la Alemania post Hitler jamás se les habría permitido actos de reconversión de este nivel. No en vano sufrieron el rigor de los juicios de Núremberg, así como la proscripción de su manifiesto “Mein Kampf”: se estableció como política de Estado no buscar fundamentos que facilitaran la rearticulación de un pensamiento de funestas consecuencias.
En cambio aquí, donde la transición fue producto de un plebiscito a punto de ser saboteado, donde hemos vivido al alero del dogma de la “democracia de los acuerdos”, el pinochetismo allana un atajo para la redención sin la obligación moral que este país y el mundo les exige: pedir perdón.





La política chilena tendría que dejar de ser como es, para que el pinochetismo se viera obligado a pedir perdón… Lo peor es que si las cosas siguen así, las personas van a olvidar y, con el tiempo, dará la impresión de que nunca pasó nada…
Realmente no me incomoda que se expresen instituciones o posturas individuales ultra radicalizadas, a pesar que no coincida con ellas. Si vamos a comenzar a aplicar ostracismo socio-político a todo lo que se oponga al estatus democrático, podríamos también borrar de la oficialidad al partido comunista, el que es por escencia un totalitarismo.
Soy un firme convencido de que las ideas nocivas, pobres de argumento y de escencia, caen por si solas, pero si un pueblo las llegase a apoyar masivamente, entonces aquel pueblo merece la catastrofe que tal tipo de ideas provocan.
Dejar ser, que hablen, que junten fondos en beneficio de tiranos unidos S.A. o lo que quieran. No nos apuremos en restringir libertades, ni siquiera en el terreno moral o incluso estético; que ya bastante trabajo ha costado ganarlas.
ArleDjinn.-
A todas luces pareciera que la comunidad internacional fue más clemente con la dictadura militar que con los nazis de Alemania. De ahí tantas concesiones continuadas hasta el día de hoy. Personalmente me apena, aun cuando la prevalencia del pinochetismo reafirme nuestra vida en la diversidad democrática.
Bruno C.
querías que tus lectores supieran que hacen ahora los que en su día apoyaron una dictadura? bueh, lo lograste…
ahora, instalarlos como una “organización”…
digamos que es una palabra un pelín rebuscada cuando en sus actividades sociales y/o filantropas lo único que hacen es rememorar tiempos mejores (para ellos, claro).
además, lo que fue el pinochetismo reflejando su victoria en esa figura napoleónica del capitan general no queda más que la admiración por un sistema instalado con sangre y balas. porque detrás de este burdo ícono hay algo más: éso es el neoliberalismo. vetar su forma de pensar es vetar todo un modelo, aquél que rige actualmente el futuro de chile.
si pinochet tuviera un aire más poético, como el de fidel o perón, todos sus partidarios de antaño tendrían más amor por su “poster boy”. pero pinochet era militar rudo, tosco, como franco o hitler. sirve más para un thriller político que para una oda a la patria.
hablando de hitler, creo que desde una mirada histórica (quizás la única que permite cierta cordura) no hay parangon para equiparar la reacción internacional contra él y lo que pasó (o pasa) con pinochet. osea, uno quiso dominar el mundo, el otro le bastó ser peon de quien triunfó tras la caída del nazismo.
respecto a la jueza chevesich, tengo sentimientos encontrados. sí, ha sido en más de una ocasión exagerada para condenar a figuras políticas pero también ha sacado varios trapitos sucios desde el mop. qué importa más?
un saludo-.
Hey, yo te conozco. Tú posteabas en el foro de Pelotillehue.cl.
Algunos puntos sobre tu post:
- El pinochetismo no es una “organización”.
- Tendrías que aclarar quién es el que dispendia la “legitimidad, el respeto y la validación social”.
- Cristián Labbé no es un “presunto” miembro de la DINA. Lo es efectivamente, y él mismo lo dice (y no veo por qué haya que esconderlo).
- Es obvio que Hermógenes Pérez de Arce use argumentos de la Guerra Fría si está explicando hechos de esa época.
- Es interesante que homologues la actitud de Juan Guzmán con la de Chevesich. No sé si ésta tenga una animadversión manifiesta respecto a Cruz, pero entendería si la tuviera tomando en cuenta las presiones que recibió por parte del gobierno.
- Sobre tu último párrafo, primero tendrías que aclarar de qué hay que pedir perdón. No veo por qué haya que pedir perdón por haber impedido una guerra civil y haber combatido al terrorismo, así como los aliados de la Segunda Guerra Mundial no tenían por qué “pedir perdón” a los nazis por haberlos derrotado, ni los ingleses tienen por qué “pedir perdón” a los jihadistas que los quieren despedazar. Y segundo, ¿quién determina la “obligación moral” que debe tener cada quien? ¿Quién tiene autoridad para andar exigiendo eso a otros?