En cuanto al BUE/SUE, si bien se trata de la mano del mismo hombre, el descariño hacia los compadores de entradas locales es notable, por cuanto cruzará la cordillera la mitad de los números estelares: Beastie Boys, Daft Punk y DJ Shadow actuarán en sendos escenarios. Patti Smith, TV on the Radio y Yeah Yeah Yeahs, por su parte, sólo formarán parte del cartel del evento argentino.
Personalmente, no he escuchado temas de Smith (aunque tengo referencias de su consideración icónica en el género punk), no conozco más que un tema de TV on the Radio y sólo a Yeah Yeah Yeahs lo ubico bastante bien. Pese a aquellas limitantes personales, no es menos cierto que los festivales de música no necesariamente son eventos para ver a todos tus grupos favoritos; además pueden servir de instancia para conocer diferentes estilos de música y llegar a sorprenderte con músicos a quienes no habías prestado atención anteriormente. Por ello, no podrían aducirse razones de “gusto” para determinar la ausencia o presencia de algún número en un espectáculo.
La trayectoria del comportamiento de la productora me hace inferir el método con el cual opera a la hora de negociar con las bandas importantes a la hora que planean sus conciertos en Sudamérica: un grupo anuncia sus intenciones de girar en el subcontinente, llegan las productoras para negociar, si al dueño de DG Medios le preguntan cuáles es el mercado más importante del Cono Sur responderá “Argentina y nada más”, por razones obvias. Sólo si las bandas están dateadas sobre otros buenos mercados (dígase Chile), Grinbank ofrecerá citas en dichos países… Pero Grinbank no ofrecerá otros mercados si las bandas no le enuncian expresamente la voluntad de girar en tales mercados con buenas razones.
¿Cómo he llegado a estas conclusiones? Me basta con seleccionar un buen ejemplo de data reciente. Febrero pasado, U2 venía a Sudamérica y traía como telonero a Franz Ferdinand. Una gigantesca campaña mediática se hizo en nuestro país para conseguir una fecha de Franz sin la agrupación liderada por Bono, gracias a una Petición Online. Mientras en Chile, muchos rogábamos a la productora por aquella fecha, Daniel Grinbank anunciaba un concierto en el Luna Park, recinto con capacidad para 6.000 personas. Días después salió humo blanco para nosotros: tendríamos a Franz, pero a más de cien kilómetros de Santiago, en el marco del Festival de Viña del Mar.
Consoló a los chilenos con una respuesta barata aduciendo razones presupuestarias. ¡Pamplinas! Se ofreció un chancho en misa para causar en Franz Ferdinand una pequeña decepción sobre Chile al llevarlos a Viña del Mar, un festival muy alejado de los símiles rockeros del verano europeo. De todos modos, la Quinta Vergara se iba a llenar igual, aunque lo variopinto de sus asistentes habría impedido determinar cuántos estuvimos ahí por Franz. A todas luces, una estrategia para dificultar las comparaciones odiosas entre Chile y Argentina. Sin embargo, podría apostar que, de las 15.000 personas de capacidad de la Quinta Vergara, poco más de la mitad iba por Franz Ferdinand (razón principal: hasta la confirmación de los escoceses no había un número potente para cerrar la noche final del evento). Tal cantidad superaría ampliamente la convocatoria en el Luna Park, en un país con el doble de población que Chile.
¿Qué otra cosa distinta al patriotismo old fashioned podría ser un acto de semejante discriminación? Como dije anteriormente, Grinbank se previno de cualquier intento de comparaciones entre las concesiones dadas en su propio país y las dadas a sus vecinos.
¿Por qué Grinbank apelaría a estas triquiñuelas? Yo apuesto a una posibilidad: hasta la crisis económica, Argentina (junto con Brasil y México) era uno de los polos de conciertos en Latinoamérica. Como en toda crisis económica, existe temor de fuga de capitales y Grinbank no podía hipotecar la reputación cultivada en su país. Por lo mismo, el estilo Grinbank obedece a la intentar por cualquier medio disimular la crisis argentina; algo al estilo “Good Bye, Lenin”.
Justo mientras el descalabro argentino se hacía cada vez más evidente, nuestro país se jactaba de los logros económicos cultivados, del aumento del poder adquisitivo de sus connacionales. Aprovechando dicha coyuntura, la productora mexicana CIE, unos de los adversarios de Grinbank, se instalaba en Chile a promover conciertos sin la tonta discriminación patriotera. A partir de entonces, nuestro país comenzaba a respirarle en la oreja a la hegemonía argentina.
Para intentar contrarrestar la influencia de CIE en nuestro país, Grinbank ofreció el SUE, chilenización del BUE. Se le aplaudió por lo novedoso de la instancia. “Primera vez que veíamos en nuestro país este nivel de espectáculo”, dijeron muchos. Sin embargo, el nivel del SUE distaba de su versión original. En ese entonces, nos seguíamos consolando con el argumento de que éramos un mercado pequeño, que Chile sólo era para números de balada romántica latina, que nuestra única aspiración eran las migajas de las productoras. Actualmente, dicha cantinela no tiene asidero: primero, porque el precio de una entrada en Chile duplica la cantidad pagada por un trasandino por su ticket; segundo, porque ha quedado demostrada la gran cantidad de público que convocan estos eventos, pese a las altas tarifas.
Si CIE ha lucrado con éxito en nuestro país sin las discriminaciones propias de DG Medios, la empresa trasandina no puede continuar arguyendo las razones de “volumen de mercado” para no apostar por la mejor calidad de los números en Chile. De continuar en ese plan, sería más deseable un sinceramiento de Daniel Grinbank respecto de sus infantiles patriotismos, por los cuales nuestro SUE no tiene la dignidad propia de nuestra situación económica y así, de paso, deja de mirarle las pelotas a miles de chilenos.