A dicho pasado se lo endiosa y se lo recuerda con nostalgia, como un ideal al cual retornar, como si el tiempo no hubiera pasado. Craso error. El tiempo sí que ha pasado; con él, las fronteras se han abierto y ya no somos una isla flanqueada por un vasto océano y una colosal cordillera. Nos hemos globalizado, fenómeno mezcla de comercio exterior y multiculturalidad.
Cuando se nos abrieron las fronteras, nuestro imaginario —llámese “folclor”— entró a una suerte de Bolsa de Comercio de lo étnico: nuestros aspectos culturales se empezaron a cotizar —como las acciones— entre las maravillas de otros rincones del mundo. Como consecuencia de dicho proceso, algunas acciones chilenas ganarán valor, otras se irán directo a la “quiebra” del olvido, así como algún broker nos vendrá a ofrecer las bondades de alguna acción foránea. Como cualquier proceso evolutivo, nuestra cultura popular consiste en un mero proceso de selección natural.
Pensemos en una niña de 10 años. De seguro preferirá vestirse de bruja para Halloween en lugar de usar un traje de china para el acto cívico de Fiestas Patrias en su colegio. ¿Por qué? Porque entre dos rituales, siempre se preferirá el más lúdico —vale decir, el menos tedioso—. Por lo tanto, sobran las razones para detallar la inclinación de aquella niña por una costumbre introducida conocida por sus disfraces y calabazas.
Así las cosas, es espurio hablar de tradiciones y tradicionalismos. La conservación de una costumbre a través de las generaciones se mantendrá en la medida que pueda sobrevivir a la competencia contra estímulos culturales más atrayentes y más populares. Si la cumbia tiene más carisma que la anodina cueca, mala suerte. Por ningún motivo estaremos perdiendo la identidad. La adopción de nuevos íconos/ídolos en nuestra cultura responde solamente al comportamiento accionario de nuestra Bolsa de Comercio étnica. No olvidemos que las tradiciones siempre buscan entretener.
El Tratado Penal Internacional
El domingo escribí un texto sobre cómo debería comportarse nuestro país en lo concerniente a la ratificación del Tratado de Roma. Lleva apenas UN comentario.
El concurso Horizonte+LeoPrieto
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Yo fui a un carrete el domingo.
Partimos escuchando cueca, luego música folcklórica también de Chile, después rock chileno.
Más tarde empezamos a escuchar rock argentino.
No recuerdo cómo se nos ocurrió, pero nos pusimos a bailar axé.
Salió una guitarra y empezamos a tocar temas de Silvio.
Alguien dijo: “De a poco nos vamos acercando a Puerto Rico”. Acto seguido, empezó el perreo.
Al final, terminamos escuchando Coldplay.
Quizás teníamos ganas de ir subiendo en el mapa.
Saludos!
te equivocas en esta última frase: “las tradiciones siempre buscan entretener”. las tradiciones son una forma de conservar la memoria, cierta esencia de lo que fuimos, somos y seremos. pensar que la cultura debe ser entretenida para perdurar en el colectivo es convertirla en un producto desechable, lo que dista de su fin.
la saturación de información produce que las gentes tomen lo más actual, lo disfruten hasta que aburrir y luego vayan tras la nueva moda. y no es malo. el problema se produce cuando crees que tu identidad depende de la moda e ignoras el suelo que pisas.
si tenemos presente que el chileno sufrió un lavado de cerebro durante, digamos, 17 años, no me extraña que en términos generales se vea como algo pintoresco lo “chileno” y no como propio y constante, no reducible a la cueca de salón y la chicha en cacho, la ecuación de nuestra identidad tras la dictadura. por ende, este sentimiento de que “todo pasad fue mejor” tiene cierto asidero si consideras que chile proscribió su identidad (y, en cierta medida, cualquier atisbo de nacionalismo) el día que la up fue derrocada. que ésto haya ocurrido el mes de la patria es una triste ironía.
Yo tampoco estoy de acuerdo con eso de que las tradiciones son para entretener.
Creo, sin embargo, que aciertas al hablar de esta suerte de imposición de las costumbres y lo ejemplifico a través de la cueca. En el segundo trimestre del colegio, el profe de educación física, nos “enseñaba” a bailar cueca. Osea, contra la espada y la pared, así, a la fuerza, acorralado contra la nota. Así, creo, no se forja identidad ni cariño por las tradiciones como la cueca…
Saludos,
Si las tradiciones no son para entretener, ¿por qué cuando dejan de parecer entretenidas se abandonan por cuestiones provistas de mayor espectacularidad? Ejemplo, que en una fonda muchas veces se prefiera tocar cumbia o reggaetón (y en su momento, axé) a la cueca.
Bruno C.