1
Estilan hablar de “cosa valórica” quienes consideran el escrutinio de la cosa como una realidad ajena a los valores. Dichos individuos han combatido contra la perdición moral de los nuevos tiempos desde los años del hilo negro. La palabra estandarte de su bando se llama “permisividad” y atacan con retórica bíblica a los “tolerantes”, quienes prefieren inclinarse por el método científico. Sin embargo, el diccionario no hace caso de la contienda, obligando la convivencia forzada como sinónimos de la “permisividad” y la “tolerancia”.
2
La Real Academia de la Lengua Española no quiere saber más de susceptibilidades heridas. Hartos deben estar con las consecuencias del ingreso femenino a campos otrora vedados. Se hace ya incompatible con la realidad elogiar el talento de las “mujeres de gobierno”, toda vez que son definidas como criadas a cargo de la economía del hogar. ¡Para qué hablar de las honorables mujeres del partido, devenidas ejemplares mujeres públicas! Aquellas señoras las conocemos por su talento para desenvolverse en templos de tolerancia. Por cierto, lupanares.
3
Ciertas bocas, motivadas por la necesidad de parecer finas, comentan con sumo pudor los acontecimientos uterinos con horrorosos eufemismos. Para la gente fina, las chicas aquejadas por los síntomas propios del periodo menstrual se encuentran “indispuestas”, vocablo sinónimo de enfermedad, como si la naturaleza femenina guardara relación con la debilidad de las carnes. A la hora del huevo, la gente fina prefiere hablar de “embarazo” en lugar del término preciso, “preñez”. (Embarazo puede ser una adolescente de 16 esperando un hijo como consecuencia de una falla de condón, no una mujer adulta resuelta.) Ya cuando la mujer en cuestión pare, los finos van a visitarla para saber de su estado. “Se está mejorando”, dicen, como si el recién nacido fuera lo mismo que una apendicitis, un cálculo renal o un aborto.
4
Existen palabras que marcan a una clase social. Si bien puede parecer muy elegante dirigirse ante “damas” y “caballeros”, muchos chilenos se han acostumbrado a evitar aquellas voces, por cuanto las relacionan con las personas que les mendigan una moneda de a cien o una bolsa de fideos con su característico sonsonete nasal. Entre tales horrorizados, un porcentaje importante de ellos son definidos como “arribistas”, sin embargo ruegan clemencia para que las víctimas de sus espantos no los ajusticien con semejante menoscabo: prefieren autoproclamarse “aspiracionales”.





Ay, ya te pusiste amargado, muchacho.
Se dice “embarazo” sobre “preñez” porque se intenta, en pos de la pura estética del lenguaje, hacer una distintción entre animales no-humanos y los humanos propiamente tales. No es que se vaya en desmedro de los pobres animalitos, tampoco es por considerarlos inferiores ya que te apuesto que son superiores a nosotros en cuanto a adaptación al su medio se trata. Simplemente se trata de indicar un estado en el cual la mujer sencillamente no puede andar jugando fútbol por ahí, so pena de tener un aborto espontáneo. Se dice “embarazo” porque requiere un sacrificio estar encinta, requiere amor y cuidado para que la guagua, de hecho nazca.
Se dice “se está mejorando” porque cuando se “alumbra” (no “pare”) el bebé de frentón desgarra en una cantidad considerable de centímetros a la pobre vagina de la mujer, eso si es que no le fue aplicada una cesárea, caso en el cual tendría una incisión de más de treinta centímetros en su abdomen. Como sea que se mire, el asunto del alumbramiento es semejante a una operación: sí, semejante en daño al organismo femenino como una operación por apendicitis o cálculos, aunque de ninguna manera moralmente es lo mismo, no sea falaz. Sólo remarco el punto de que una operación de la embergadura de un embarazo es algo meritorio como para merecer la pregunta “¿se está mejorando?” y eso no es ser machista.
Sólo cuando se dice que una mujer “se enferma” se está haciendo alusión a enfermedad como menstruación. Cuando se habla de “indisponibilidad” es porque sencillamente no es adecuado en ciertos contextos hablar de menstruación propiamente tal. Por ejemplo, es una elegante manera de explicarle a un niño (amigo de tu hijo) porqué tal niña no se puede meter al agua. Agrego el paréntesis porque uno no decide cómo educar a los niños de otra persona por lo que sus padres tienen todo el derecho a ser unos pacatos y no hablarles a sus hijos de sexo y pubertad como se debe. Está mal, pero es su derecho. Así, el lenguaje nos da licencias y eufemismos para adaptarnos. Renegar de ellos como algo a priori nocivo, no me parece.
Arle.-
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