Llevemos esta protesta al entorno familiar. Pensemos en una reunión familiar de día domingo en la cual la familia se apresta a servirse un enjundioso plato de guatitas. Uno de los miembros más pequeños de la familia no gusta de las guatitas y deben prepararle algo a su medida. No obstante la disposición de ajustarle el menú, el muchacho protesta por su platillo, un pollo asado traído del supermercado. “No me gusta como los hacen en el supermercado equis”, se queja el muchacho. “Pero no hay supermercado equis en este sector”, le contestan. El muchacho ha llegado con sus padres a la casa de sus abuelos, donde está la reunión familiar. Sigue protestando el niño; patalea a rabiar. La madre le hará ver al muchacho la escena que hace: “escoge entre guatitas, pollo asado o cagarte de hambre hasta la once”. El muchacho —a regañadientes— va a escoger el pollo, mal que mal, el mal menor.
Los estudiantes deben comprender que el Consejo Asesor no tiene por sí mismo propiedades milagrosas. Sólo el trabajo conjunto, tolerante, comprensivo y bien discutido puede desembocar en una política educacional que desplace el eje de la cobertura al de la calidad, los cuales se han visto históricamente contrapuestos: calidad se ha tenido como equivalente a deserción escolar, por cuanto calidad es igual a exigencia y la exigencia se opone a la ley del mínimo esfuerzo, vital para acoger a estudiantes menos voluntariosos.
Ergo, la enorme tarea asignada al Consejo Asesor tiene alcances de cambio cultural. Como todo cambio cultural, la evolución de sus procesos no concluirá en seis semanas más, cuando a los cuartos medios se les terminen las clases. Para desgracia de muchos líderes estudiantiles que querían llevarse a sus hogares el trofeo de haber sido los salvadores del sistema educacional antes de graduarse.
En lugar de andar estirando el chicle a punta de pataletas, sería más heroico preparar a las dos generaciones inmediatamente anteriores en la discusión de estas cuestiones, antes de que los herederos del movimiento queden viudos de referentes. La educación es un tema demasiado importante como para viciarlo en una lucha de egos.





Sonará contradictorio, pero (con todo) repudio el actuar de Cristián Labbé al desalojar a la fuerza a los estudiantes, castigándolos asimismo con la revocación inmediata de la matrícula a los involucrados en las tomas.
Quizá los motivos de la movilización sean espurios, pero amenazar con “castigos ejemplarizadores” traducidos en disuasiones tan arbitrarias como severas, lesiona gravemente un derecho tan fundamental como la libertad de asociación.
Todo una vergüenza para nuestra democracia la regresión del coronel en retiro a su pasado glorioso.
Bruno C.
¿Dónde pongo la firma? Suscribo el post…
(Por favor, saca las letritas de verificación)
Lo de Labbé es tan vomitivo que prefiero no comentarlo…
Sobre lo otro, no pienso que la posición de los secundarios sea intransigente o carente de justificación. Desde que nació la “brillante” idea del Consejo Asesor que muchos planteamos su inoperancia para el fin desde un comienzo. Crónica de una muerte anunciada? Por supuesto: es cosa de ver cómo se desahució algunas medidas del Consejo para la Reforma Previsional en cosa de minutos para preveer el futuro de esta discusión. El dilatado informe final del Consejo -creo que se entregará cerca de Navidad-, traerá las resistencias de los grupos políticos y económicos que prefieren seguir con el statuo quo dominante en vez de cambiarlo; en tal sentido, la inoperancia del Consejo es la niña de sus ojos: se extendió una discusión que debió enfrentarse directamente con soluciones que varios han propuesto por años, y sin tanto conducto regular burocratizado que refleja la nula voluntad para cambiar o arreglar, aunque todos griten a los cuatro vientos la espantosa calidad de muchos establecimientos y los carentes parámetros para medirla y mejorarla. Simple: cuando se quiere, se hace. Así piensan muchos secundarios. Desgraciadamente, la pasión del momento los nublan en sus acciones (más que las tomas en sí, la resistencia ocurrida hoy en el Aplica). Pero ello no empaña la indignación y la justicia de los reclamos.
El Consejo era prescindible: bastaba que La Moneda armara un proyecto a priori -o, en su defecto, la derecha lo hiciera-, lo enviara y se discutiera en el Congreso todo en comisión, como corresponde. La misma presión pública podría evitar que los parlamentarios se durmieran en sus laureles, sin perjuicio de los mecanismos que la misma Presidenta tiene para dar prioridad al tema en la agenta del Congreso. El sofismo pomposo de un “consejo que reuniera las ideas de todos los sectores de la sociedad” y blablabla no era necesario. Repito: cuando se quiere hacer algo, se hace… Y punto.
Un saludo.
El consejo asesor sí es inútil.
Me irrita de sobremanera el trámitaje y no creo que las personas deban resignarse a la mediocridad del puto sistema.
Irrita la ministra weona con su tono digno de la más puta dictadura diciendo que hacer una toma es malo e irrita más que la gente chilena se lo trague entero como idea sensata. Como si fuera sensato esperar meses cuando el congreso es capaz de legislar algo en dos días o menos, cuando le interesa. ¿impulsividad, muestra flagrante de inmadurez? Si eso significa “chicotearle los caracoles” a estos caballeros así sea, bienvenida la jodida inmadurez.
Por cierto, cada vez estoy sintiendo que carabineros más que un protextor de la gente es un ejercito contra la misma. Irrita ver carabineros completamente fuera de si, pegándole a adolescentes y a universitarios apenas tienen la oportunidad.
Irritante tema y tu postura en particular, pequeño.
Arle.-
me quedé pegada en las guatitas…
**ah! hace falta un nuevo chile