Antes de Paris Hilton, otros hijos de papi usaban los caudales familiares para creerse reyes del pop por una temporada. Su canción más recordada fue “No te olvido”, cuya letra “No te olvido / no puedo olvidarte” fue la directa antecesora de la perogrullesca “Me gusta todo / todo me gusta” del Kudai frustrado Mario Guerrero.
Eduardo Frei, por ejemplo, quiere salvar a “afable”, un término que está a kilómetros de extinguirse en el habla cotidiana. Jorge Arancibia desea sacar del olvido a “liderazgo”, una de las muletillas más estiladas por nuestras élites. Ricardo Núñez, en tanto, protegerá la “coprolalia”, palabra de uso frecuente cuando los hablantes del registro culto formal se espantan por la ligereza de lenguaje de ciertos individuos. Andrés Allamand se encargará de la “mentecatez”, actos propios de un mentecato, a su vez sinónimo de “estúpido”.
Por su parte, la ex precandidata presidencial Soledad Alvear ha considerado el vocablo “quimera”. Resulta curioso que una mujer de la política esté resuelta a proteger de la extinción una palabra tan frecuente en el vocabulario de sus homólogos. Equivaldría a salvar “progreso”, “democracia” o “consenso”.
Para coronarla, nuestra Presidenta de la República, Michelle Bachelet, adoptará el “ñeque”, americanismo de uso frecuente por estos pagos, si bien más propio de La Cuarta que de El Mercurio. Indiscutiblemente, un término usual.
¿Estas palabras están en desuso, señores? Proteger palabras con buena salud equivaldría a poner a los salvavidas mirando hacia la gente que reposa en la arena. ¿Acaso ninguno de los asesores de todos estos notables reparó en que la idea de esta campaña consistía en acoger palabras en riesgo de extinguirse? Estoy cariacontecido (*). Sabía que la mayoría de los chilenos tiene analfabetismo funcional, pero jamás pensé que aquello permeara incluso a nuestras lides políticas.
(*) Yo me había comprometido a salvar este vocablo.
REFERENCIAS: Apadrina una palabra, Adopta una palabra.
Como era obvio, Ok Go no podía estar ausente de dicha presentación y las chicas intentaron mover a los títeres de papel al son de “Here It Goes Again”. Luego de la disertación, les pedí que me regalaran su réplica de Damian Kulash, el vocalista. Insistí por más de una hora, hasta que lo conseguí. Ya tengo a Damian en un lugar seguro. Como para hacerle una gruta, como para pensar en cómo vestirme con cierto estilo, como para sentirme como un geek modernillo.
(Por cierto, algunos compañeros me encuentran un aire a Damian, por lo que tendría que afeitarme para confirmar aquel supuesto. ¿No será mucho?)
Este post llega a ustedes por cortesía de las reflexiones previas de Stark y Ferrari.