Otra vez más pasó. Una chica me dijo que no. Esta vez el argumento fue “tengo pololo desde hace tres años”. (Claro, por más que me la engrupiera, Ella no iba a arriesgarse a empezar de nuevo con un cuasidesconocido si se la ha pasado tan bien con su chico. A nuestra edad, tres años de noviazgo equivalen a haber construido toda una historia de dos.) Ella no iba a renunciar a sus lazos. Me dijo que bien podíamos ser amigos. Acepté. No soy tan orgulloso como para haberme negado. Todas las chicas en quienes me he fijado me han rechazado. Ya me da lo mismo otro no como respuesta.
24 horas antes de la infausta notificación, mis compañeros (de ambos sexos) me aconsejaban, me daban pistas que me facilitaran el camino, que me permitieran tener la llave de borrar de un plumazo los tres años de miel sobre hojuelas de la mentada Ella.
Para que la puedas conquistar debes abandonar tanta extroversión, bajar las revoluciones y disminuir los decibeles. Que es remedio infalible la zanahoria y el garrote: ser atento e indiferente, según lo dicte el comportamiento de la novia potencial. Mejor que no la pesques mucho: así siempre vuelven. La colega Andrea me decía que “a las mujeres nos gustan los tipos malos”. Hay que hacerles mierda el corazón a las chicas. ¡Qué basura!
Me rebelo contra el masoquismo irrelevante y sin sentido. Objeto tanta mentira. Todo esto se trata de “libertad, verdad, belleza y amor”, como el lema de “Moulin Rouge”. Convertir a tu alma en un niño jugando a las escondidas, ¡qué farsa! Si el amor consiste en verdad, ¿cómo mierda le llamas al sentimiento de demostrarle a otra persona que un “no” significa un “sí” y viceversa?
Yo quiero un encuentro fortuito, un cruce de miradas, una conversación entretenida, un battleship de frases ingeniosas, dos minutos de risas, morderle el cuello, pasarnos las manos por las espaldas, nuevamente un chiste, vale una reflexión, cantar a dúo una canción, soñar, imaginar una nueva sorpresa que haga este día diferente al anterior, un permanente deslumbrar. La verdad nos hará libres, por el amor de Dios. Sólo un hombre con pocas luces puede aburrirse con la honestidad.
Lo último que quiero es jugar al desencuentro para confinarme a una rutina postrera con un alma que perdió la magia. Entre jugar al baile de máscaras, inventando mil caretas sobre mi rostro; prefiero otras mil veces jugar a mil formas de ser yo mismo.
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CICLOTÍMICO: Es una forma leve del trastorno bipolar caracterizada por episodios alternados de cambios en el estado de ánimo que van de una depresión leve o moderada a estados de ánimo elevados, euforia y exitación que no desconectan a la persona de la realidad. (Fuente: Medline)