Después de todo, sigue siendo Santa Lady Di. A diez años de su muerte.
Después de todo, sigue siendo Santa Lady Di. A diez años de su muerte.
Con esto vuelvo al colegio. El Pastel era una institución del Instituto Nacional. Líder de las instigaciones extremistas, proclamando colectivos de protesta antitodo, con sus pecas y su sonrisa infantil, un torso bien armado que gustaba entre las minas engrupidas por este chico tirado a revolucionario, coincidimos en el curso que se formó en Tercero Medio. Había repetido un curso, los profesores se reían de sus exageraciones y no puedo olvidar la parada de carros que le hizo un profesor de Castellano, diciéndole por lo bajo “usted no tiene idea de nada”, como respuesta a esos exasperamientos tan frecuentes que El Pastel tenía.
Pensaba que con el paso de los años, el niño pije de mi clase iba a terminar asumiendo su cuna, pero no. Eduardo López ha evolucionado en la misma línea de su anarquismo cuyos fundamentos pesaban una leve pluma. Luego de decenas de protestas en las que marchó como encapuchado —cuántas veces contó en clases orondo ese elogio de la cobardía—, finalmente lo atraparon en una de las tantas marchas de ayer: los pacos lo sorprendieron tirando una bomba molotov en Alameda con Santa Rosa.
“Esta mañana (fue) dejado en libertad, y sólo se le decretó la medida cautelar de firma quincenal por los 120 días de plazo que se dio para realizar la investigación. López arriesga una pena de tres años y un día hasta diez años”, informa La Tercera.
Por su parte, Radio Cooperativa destaca que su libertad en primera instancia fue dada por su “irreprochable conducta anterior”. Como si fuera la primera vez.
1) No salió un suplemento especial de El Mercurio con todos quienes deseaban publicar condolencias por el fallecimiento del empresario. Pero faltó poco.
2) La Tercera aportó con lo suyo publicando una fotografía del finado en la portadilla de la sección de Negocios.
3) La muerte de Anacleto Angelini fue la previa de la protesta convocada por la CUT.
4) Reflexión aparte: Tal como Angelini construyó un imperio a partir del harina de pescado, Ricardo Claro quiso consolidar el suyo creando un canal de televisión a base de harina de cabezas de pescado.
Ningún centro de estudios, ninguna universidad, ningún medio periodístico han destinado recursos para ubicar las causas del rechazo ciudadano a Transantiago desde la perspectiva del usuario. Nadie se ha preocupado en las motivaciones, los estímulos y las reacciones de los pasajeros de la locomoción capitalina. Los centros de estudios pro derecha no se arriesgan por temor a encontrarse con una sorpresa; los centros de estudios concertacionistas declinan porque prefieren quedarse en la coyuntura política y no dar explicaciones políticas sobre focus groups —ni recibir el misilazo aliancista que están usando fondos públicos para blanquear imagen a través de estudios—; las universidades están empecinadas en proporcionar saber en las áreas de ingeniería y medicina; en tanto que los medios periodísticos —ergo, el duopolio Mercurio-Copesa—, al igual que los centros de estudios pro derecha, no quieren invertir en un estudio que les entregue sorpresas.
Un antecedente a considerar en la renuencia de llevar a cabo un análisis en esta línea: tanto los medios de comunicación como la clase política declinaron en profundizar la “dimensión sociológica” —Blas Tomic dixit— de Transantiago, detallada ncluso por el controversial informe de la consultora Fernández y De Cea. Aquella “dimensión” se trata de la escasa escolaridad e instrucción de parte importante de los chilenos, casi en su totalidad usuarios potenciales del sistema; del analfabetismo funcional de cuatro quintos de la población, gente iba a sentir rechazo por un sistema de transporte basado en estructuras sistemáticas —el transbordo— que no estaba alcance de sus habilidades cognitivas.
Algo muy políticamente incorrecto como para ser denunciado. Entrar en detalles sobre este asunto raya en lo cruel. ¿Qué político o líder de opinión querría adentrarse en las razones anteriormente enunciadas para ser malinterpretado como un cerdo sectario ante la opinión pública? (Aun cuando quienes atinaran en tergiversar estas relaciones en su fuero íntimo concuerdan con el parecer del acusador.)
No hay que ser un experto para esbozar una metodología de estudio. La premisa de un análisis sobre las causas del rechazo ciudadano a Transantiago debe fundarse en estudiar las creencias y costumbres arraigadas de sus usuarios y que el nuevo plan no ha podido cambiar, generando las reacciones defensivas que hasta hoy tienen vuelta loca a La Moneda.
Para empezar, se podría comenzar eligiendo los lugares más conflictivos de Transantiago, revisar todas las alternativas de viaje que pueden proporcionarse hacia los puntos estratégicos de la ciudad. Teniendo esos datos, comenzar a sondear aleatoriamente a los habitantes de aquellos sectores. En caso de haber posibilidades que redujeran efectivamente los tiempos de viaje —verificadas por el estudio—, consultarles a los vecinos entrevistados preguntas como siguen.
a) ¿He hecho estrategias de viaje que me permitan reducir tiempo entre origen y destino?
Elegir entre SÍ y NO. En caso de un SÍ, indagar sobre cuántos minutos se han reducido efectivamente con la alternativa. NO, preguntar si el entrevistado conoce alguno de los recorridos alternativos presentados. Tanto si a esta última duda se contestara afirmativa o negativamente, averiguar si acaso está interesado en conocer más de ellos y por qué.
b) Preguntar según la escala de acuerdo-desacuerdo la siguiente afirmación: “Aunque me sirven los alimentadores que efectúan transbordos, prefiero caminar varias cuadras hasta llegar con un recorrido troncal”.
c) En la misma escala de acuerdo-desacuerdo, consultar esta fórmula: “Me gustaría tener un recorrido troncal cerca de mi casa para prescindir del alimentador, ya que me siento habituado a la estructura histórica de las mallas de recorridos —que terminó con el inicio de TS—”.
A ver si alguien tiene la voluntad de invertir en un estudio de este tipo y difundir las conclusiones. Nos haría muy bien saber en qué está pensando quien repudia a Transantiago. Sería una verdad reveladora de importantes aspectos de nustra sociedad.
Una de mis canciones románticas favoritas. Me simpatiza Ricardo Montaner como compositor e intérprete. Montaner no fue un mal animador de Viña, los medios lo hicieron malo porque instalaron una idea defensiva de nacionalismos innecesarios, la opinología lo destrozó porque intentó encender un espectáculo que mantenía intacto el recuerdo de la circunspección de Antonio Vodanovic. Si Sergio Lagos hubiera entrado al año anterior de Vodanovic, no estaría contando la misma historia.
Cuando tenga una chica, quiero dedicarle esta canción. No me fijaría en una chica a quien no le viniera este tema.