Es jodido el tema de las verdades oficiales. Peor aun cuando las sociedades mediáticas hacen de ellas un caudaloso torrente. Ni un salmón tiene las agallas para poder irse en contra. Mucho peor cuando los involucrados en la versión contraria derraman indignación por la marginación.
Helos ahí a Hermógenes Pérez de Arce con sus impresentables apologías de la dictadura militar, a Pablo Longueira haciendo la más cursi de las defensas contra Jovino Novoa en el punto más caliente del caso Spiniak, cuando todos los dedos apuntaban a la figura del senador.
Mientras Hermógenes raya en la demencia senil, encargando un óleo con los cuatro miembros de la Junta Militar “de espaldas a la cordillera y mirando al mar”; Pablo Longueira aun no puede sacarse el estigma de ser el loquito que ve gente muerta y conversa todas las noches con Jaime Guzmán.
¿Lección? Las defensas deben tener un asidero convincente. En una sociedad mediática no basta hacer proclamas simplemente con estar convencido de la verdad, con invocar un “Dios está de mi parte”.
Sólo se puede derribar una verdad oficial cuando existan pruebas irrefutables para su descrédito. Y ese es el primer paso. Una vez conseguidas esas pruebas, hay que difundirlas a los medios, hacerlas un plato digerible para los consumidores de medios. Si despues de toda esta campaña, la verdad oficial acusa derrota, la batalla está ganada. Nunca antes.
Por eso, aunque Hermógenes gaste kilos de bibliografías para defender el “pronunciamiento”, sus argumentos hacen agua cuando existen mejores evidencias para contratacarlo. Por eso, el arreglo judicial improvisado y encapuchado que rodeó al caso Spiniak impide a Jovino Novoa cantar victoria con su inocencia hasta el día de hoy.
La Ministra de Educación Yasna Provoste ignoró que la Contraloría General de la República, dada su orgánica, es constructora de verdades oficiales en las áreas de su competencia.
Al contravenir la sugerencia de la institución encabezada por Ramiro Mendoza, sancionando a Alejandro Traverso con dos meses, en vez de la recomendada expulsión definitiva, aparejada con el veto a la administración pública por cinco años, la Secretaria de Estado se mete gratuitamente en la boca del lobo, consagrándose públicamente como quien abandona sus deberes y obligaciones.
Defender dicho cometido sólo hunde a la Ministra, cual Hermógenes, cual Longueira. Habría sido más inteligente dejar atrás a Traverso y entregarse con brazos abiertos a la Contraloría. No resulta tapar el sol con un dedo. En ningún ámbito.